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Algunos escritores como Jorge Luis Borges parecen obsesionados por la imagen del Laberinto y nos hablan de él como si tuviese un valor mágico.

Lo que es cierto es que Borges escribió pasos con un lenguaje mágico, que nos adentran en el espacio de la imaginación:
Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin.
En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y la balaustrada hacia abajo.
Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros, en la tiniebla superior de las cúpulas…” (desde “El inmortal” en “El Aleph”, Borges, “Cuentos completos”, De bolsillo).

Imagen 1 : Foto de Jorge Luis Borges, desde “El siglo de Borges” por A. del Toro y S. Regazzoni.

Imagen 2, 3 : Foto del Laberinto de Borges, proyecto de Randoll Coate, realizado por la Fundación Giorgio Cini en la Isla de San Giorgio en Venecia.

A lo largo de la historia hay varios escritores y artistas que han trabajado alrededor de este tema; podemos decir que es uno de los temas principales cuando se habla de los “Misterios” antiguos.
El antiguo historiador griego Heródoto de Halicarnaso nos habló del Gigantesco Laberinto Egipcio en el Oasis de Fayum o Meris, como una obra increíble que superó las pirámides en dimensión e importancia: “Construyeron el laberinto, más allá de la laguna Meris, hacia la ciudad llamada de los Cocodrilos. Quise verlo por mí mismo, y me pareció mayor aún de lo que suele decirse y encarecerse.
Me atrevería a decir que cualquiera que recorra las fortalezas, muros y otras fábricas de los griegos, que hacen alarde de su grandeza, ninguno hallaría entre todas la que no sea menor e inferior en costa y en trabajo a dicho laberinto. No ignoro cuán magníficos son los templos, el de Éfeso y el de Samos, pero es menester confesar que las pirámides les dan tanta ventaja, que cada una de estas puede compararse con muchas obras juntas de los griegos, aunque sean de  las  mayores; y con todo, es el laberinto monumento tan grandioso, que excede por sí sólo a las pirámides mismas.
Se Compone de doce palacios cubiertos, contiguos unos a otros y cercados todos por una pared exterior, con las puertas fronteras entre sí; seis de ellos miran al Norte y seis al Mediodía. Cada uno tiene duplicadas sus piezas, unas subterráneas, otras en el primer piso, levantadas sobre los sótanos, y hay 1.500 de cada especie, que forman entre todas 3.000. De las del primer piso que estuve recorriendo; hablaré como testigo visivo; Al extremo del laberinto se ve pegada a uno de sus ángulos una pirámide de cuarenta orgías, esculpida de grandes animales, a la cual se va por un camino fabricado debajo de la tierra” (desde “Los Nueve Libros de la Historia”, por Heródoto de Halicarnaso).

Imagen 4 : Dibujo del Laberinto egipcio de Fayum, por Athanasius Kircher, en el libro “Il libro dei Labirinti. Storia di un mito e di un simbolo” por Paolo Santarcangeli (1984), Frassinelli, Milano. (El original es una grabación sobre cobre desde el libro “Turris de Babel sive Archontologia” por Athanasius Kircher, Amsterdam 1679.)

Imagen 5 : Foto de un Mosaico de un Palacio Romano.

Plinio el Viejo, es el único que hace referencia a los subterráneos del Laberinto egipcio, relatando que eran “oscuras galerías con columnas de piedra, bustos de dioses, estatuas de reyes” (desde el Libro 36, 13 por Plinio el Viejo).

P.Bartolomé Pou en sus notas al libro de Herodoto escribe : “Lo que resta del laberinto, que conviene exactamente con la descripción de Herodoto, se llama el palacio de Caronte, la laguna Meris el lago de Caronte, y la ciudad de los Cocodrilos es Arsinos, de la cual sólo quedan ruinas”.

Pero el Laberinto del palacio de Cnosos en Creta es el más famoso laberinto construido de la Historia, donde según la leyenda vivía el Minotauro el monstruo mitad hombre y mitad toro, símbolo diría Jung, de  nuestra parte oscura, la sombra, que fue matada por el Héroe Teseo que ha vencido “su miedo de inconscientes fuerzas demoníacas” (en “El hombre y sus símbolos” por C. G. Jung).
El mito dice que Teseo con la ayuda del hilo de Ariadna ha podido entrar y afrontar el monstruo Minotauro y después haberlo vencido ha podido salir del laberinto siguiendo el hilo, símbolo de la auto-observación psicológica.

Imagen 6 : Foto de un Kylix griego que representa a Teseo que mata al Minotauro, en el Museo Británico de Londres.

Volviendo a Herodoto, es curioso que él usa la palabra “Labrys” para hablar del laberinto.
“Labrys” es un  término griego que hacía referencia en principio a las hachas de doble hoja que decoraban las paredes del palacio de Cnosos en Creta, y después fue utilizado para indicar la misma construcción.
Este laberinto, o Palacio de las hachas, cuya complicada planta se conoce gracias a las excavaciones (arqueológica) de Evans, tuvo sus precedentes en los hipogeos dedicados al culto de la Diosa Madre, religión que fue llevada desde el Mediterráneo oriental a occidente” (desde la “Gran Enciclopedia Larousse).

Hoy en día el Laberinto es el símbolo de la complejidad y de la chifladura del hombre contemporáneo que sigue “innumerables teorías, escuelas de toda especie, organizaciones de todo tipo. 
Unos dicen que el camino es por allá, otros que por aquí, otros que acullá, y nosotros tenemos que orientarnos en medio de ese gran laberinto de teorías y de conceptos antitéticos si es que queremos de verdad llegar hasta el centro viviente del mismo, porque es precisamente en el centro donde podemos hallar el Minotauro” así nos explica el filósofo colombiano Samael Aun Weor.

Además la palabra Laberinto vine del griego Labyrinthos y del latín Labyrinthus, que viene de la unión de Labor e Intus, que significa Trabajo Interior.

Y en efecto las “hachas de doble hoja” o “Labrys” que se encontraban en el Palacio de Creta eran el símbolo de aquel “trabajo interior” que sirve para destrozar nuestros “defectos psicológicos” como la ira, el odio y la venganza, diría C. G. Jung.

Imagen 7 : Dibujo del Laberinto de la Catedral de Chartres, en Francia. El laberinto circular tiene un tamaño de 12 metros de diámetro y un desarrollo de 250 metros. Desde “I misteri della Cattedrale di Chartres”, por Luis Carpentier, Arcana ed. 1972.

Imagen 8 : Foto del Laberinto de la Catedral de Amiens, en Francia. El laberinto octagonal tiene un tamaño de 14 metros de diámetro y un desarrollo de 225 metros. Desde el libro “Monographie de l’église cathédrale Notre-Dame d’Amiens” por M. Durand. T. II.

Imagen 9 : Foto de un Laberinto en “Labyrinths: the art of the maze”, a book by Franco Maria Ricci.

Disegno

Imagen 10 : Dibujo del Laberinto desde el “Gabinetto delle Stampe Peruzzi”, por el Arquitecto Baldassarre Tommaso Peruzzi, Gallerie degli Uffizi, Firenze.

El gran filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche decía que “todos tenemos hacia el laberinto una enorme curiosidad debido a la atracción que despierta así mismo, mitológicamente, el Minotauro, símbolo de todos los terrores del laberinto mismo”.

El teólogo Franz Hinkelammert habla del “laberinto de la modernidad” donde podemos ser “devorados por la destructividad” del sistema económico.

Paolo Santarcangeli ha escrito “los laberintos son un tema constante del arte rupestre europeo. Aparecen grabados sobre piedras en Europa hacia el milenio antes de Cristo” (en “Il libro dei labirinti” AA.VV., 1984).

Imagen 11 : Foto de un Laberinto, grafito rupestre en “Capo di Ponte”, Valle Camonica, Italia.

Pero la metáfora más contundente del Laberinto que alude a la complejidad de la mente humana la ofrece el escritor y “Alquimista” Fulcanelli que a cerca del laberinto nos dice: “cualquiera sea su forma y la complicación de su trazado, los laberintos son símbolos elocuentes de la Gran Obra, considerada desde el aspecto de su realización material.
También los vemos encargados de expresar las dos grandes dificultades que implica la Obra: primero, acceder a la cámara interior (el mundo interior); segundo, tener la posibilidad de salir de ella” (en el libro “Las Moradas Filosofales” 1931).
Para Fulcanelli salir de nuestro Laberinto Interior parece ser la cosa más difícil de hacer.

Imagen 12 : Foto de un Laberinto, techo de una galería en el Castillo de Dampierre-sur-Boutonne, Francia, (desde el libro “Le dimore filosofali” por Fulcanelli, ed. Mediterranee, 1931).

El laberinto parece indicarnos una circularidad del tiempo donde el hombre parece recorrer caminos varias veces, aún resulta recorrer caminos sin salida como algunos personajes de las novelas de Borges o de García Márquez, y darse cuenta solo al final de la vida, de estar en un callejón sin salida donde la única cosa que se puede hacer es volver sus propios pasos hasta el error y probar otro camino.
Probablemente la cosa más difícil para el hombre moderno es reconocer equivocarse y cambiar camino.

Imagen 13 : Foto del Laberinto del “Museo Nazionale di Villa Pisani” en Stra provincia de Venezia (Foto perteneciente al Museo Nazionale di Villa Pisani).

El símbolo del laberinto nos indica la posibilidad de repetir caminos y errores, pasar una y otra vez en el mismo lugar.
Y para salir de ese lugar hay que tener buena memoria de tus acciones… y de tu camino.

Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás o mejor dicho George Santayana, un escritor y filósofo madrileño dijo que “Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.

Entonces deberíamos recordar nuestros errores para no repetirlos, y salir del laberinto de la vida.
Por todo eso la imagen del laberinto nos asombra tan firmemente.

Imagen 14 : Dibujos de Laberintos, desde “Daniel Loris’ book ‘Le Thresor Des Parterres De L’Univers” (Geneva, 1629).

También en el arte moderna un artista como M. C. Escher ha trabajado mucho sobre la idea de “Laberinto”, como metáfora de nuestro mundo interior.
Escher construye una serie de composiciones donde desarrolla su idea de espacio, que no es un espacio físico si no resulta ser mental, con un número no precisado de escaleras y de planos diferentes donde se puede confundir el suelo con la pared o con el techo.
Todo esto es una metáfora perfecta del espacio mental, donde el intelecto puede afirmar una tesis para sostener una idea o resolver un problema que puede parecer verdadera y que no lo es en sentido absoluto. Porque podemos descubrir o afirmar una tesis diferente en cualquier momento que llega a resultados opuestos.
Solo con la auto-observación de nuestro “espacio mental”, de nuestro pensamientos y de nuestras emociones, y con la intuición podemos discernir, ver las cosas así como son y no como parecen y tomar la decisión mejor.

Este artista parece indicarnos que el espacio mental no es euclidiano en absoluto si no esférico o cilíndrico, donde las rectas se curvan y las cosas pueden moverse y cambiar nuestra perspectiva y nuestro punto de vista sobre los acontecimientos, sobre el mundo, sobre los demás y sobre nosotros mismos.

Imagen 15 : Litografía “La Relatividad” por M.C. Escher, en el libro “Lo specchio magico di M. C. Escher”, por Bruno Ernst (1996). Taschen.

Al final el poeta y periodista griego Constantino Petrou Kavafis dice que “las ciudades se llevan dentro” y añade el filósofo y escritor colombiano Samael Aun Weor cada uno de nosotros tiene su “Ciudad Interior” o “País psicológico” con barrios de cada tipo:
Incuestionablemente así como existe el País Exterior en el cual vivimos, así  también en nuestra intimidad existe el País Psicológico. Las gentes no ignoran jamás la ciudad o la comarca donde viven, desafortunadamente sucede que desconocen el lugar psicológico donde se hallan ubicadas.
En un instante dado cualquiera sabe en qué barrio o colonia se encuentra, más en el terreno psicológico no sucede lo mismo, normalmente las gentes ni remotamente sospechan en un momento dado el lugar de su País Psicológico en donde se han metido.
Así como en el mundo físico existen colonias de gentes decentes y cultas, así también sucede en la comarca psicológica de cada uno de nosotros; no hay duda de que existen colonias muy elegantes y hermosas.
Así como en el mundo físico hay colonias o barrios con callejuelas peligrosísimas llenas de asaltantes, así también sucede lo mismo en la comarca psicológica de nuestro interior”, (desde “La gran rebelión” por Samael Aun Weor).
En nuestro “Laberinto Interior” o “País psicológico” a veces es arduo saber en qué barrios estamos y para no cometer errores que dañarían a nosotros y los demás, es necesaria la auto-observación de sí mismo.

En conclusión de este análisis volvemos a Borges para inebriarnos otra vez con su palabras:
≪Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo…
Me detuve, como es natural, en la frase “Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan”. Casi en el acto comprendí; el jardín de senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio…
Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y yo no; en otros, yo, no usted; en otros, los dos…
El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros≫ (desde “El jardín de senderos que se bifurcan” por Jorge Luis Borges).
En este cuento el laberinto espacial se convierte en el laberinto temporal, Borges nos lleva en forma poética a la Mecánica Cuántica, a la ciencia de los Universos Paralelos y del espacio-tiempo de Einstein, como si él hubiera percibido todo esto en forma directa en su poética imaginación.

Hemos visto como la idea del laberinto sea un arquetipo que puede ayudarnos a interpretar en manera diferente la sociedad, la cultura, la vida y nuestra complejidad interior.
Y como corolario de este análisis se puede decir que en la historia de la arquitectura se puede ver como a menudo las ciudades tienen forma laberíntica, y las contemporáneas parecen mucho más laberínticas que las antiguas.
Si es verdad que “cada arte es expresión de su tiempo“, es cierto que las ciudades laberínticas son hijas de la mente laberíntica del hombre contemporáneo.

FATA VIAM INVENIENT

Los destinos hallarán su vía” (Fulcanelli).


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Las fotos fueron realizadas por el autor del artículo (Fotos ©RobertoCarlando).


Arch. Roberto Carlando