César Manrique, Genio del Arte Y Paladín del Medio Ambiente

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César Manrique Cabrera nació en la ciudad de Arrecife, isla de Lanzarote, el 24 de abril de 1919, pocas horas antes de su hermana gemela Amparo, tercer hijo de una familia de la media burguesía canaria.

Ya de pequeño se sintió inclinado por la naturaleza y el medio ambiente, materias estas cuyas bellezas marcaron luego toda su obra artística y profesional, llenándola de sueños y proyectos que serían decisivos para el resto de su vida. Así él mismo tuvo la ocasión de confirmarlo: “Desde muy pequeño he estado en contacto con la naturaleza recibiendo sus lecciones. Todo mi trabajo es el resultado de este fecundo aprendizaje”.

Al estallar la guerra civil, se alista como voluntario en el bando franquista, pero los horrores del conflicto lo conmueven hondamente, así que al volver de la guerra, su primer gesto será quemar su uniforme militar e intentar borrar de su vida aquella experiencia atroz; por eso renunciará a todo cargo político al servicio de la sangrienta dictadura.

A los veintiuno años ingresa en la Universidad Canaria de La Laguna para comenzar los estudios de Arquitectura, que sin embargo abandonaría dos años después, consiguiendo luego una beca para la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde se trasladará en el año 1945. Allí obtiene el Título de Profesor de Arte y Pintura. Alcanzará en su desarrollo como pintor, a comienzos surrealista y luego atraido por el movimiento abstracto, una gran aceptación en los círculos artísticos. Su primera exposición individual, en la Galería Clan de Madrid, se remonta a los años ’50 del siglo pasado. En esta misma época funda a su vez la Galería de Arte “Fernando Fe“, dedicándose también a pintar murales en su isla; además sus experiencias y apreciadas propuestas de arquitectura le llevarán a realizar los proyectos del Parador de Arrecife y del Aeropuerto de Guasimeta. El éxito de sus obras lo empuja a un feliz recorrido por diversos Países, que será el punto de partida para desenvolver nuevas áreas de búsqueda e indagación artísticas. En el año 1955 participa en la Muestra de Arte Contemporáneo de Cartagena, alcanzando la segunda medalla; también obtiene menciones en la XXVIII Bienal de Venecia y en la III Bienal Hispanoamericana, que tiene lugar en Cuba. Seguirá viajando y exponiendo sus obras por todo el mundo, logrando éxito sobre todo en Japón Y Estados Unidos; en 1964, aconsejado por su primo Manuel Manrique, psicólogo y ensayista, residente en Nueva York, presenta sus obras en el Museo Guggenheim de la misma ciudad, consiguiendo luego una importante beca que le permitirá instalarse en la “Gran Manzana” y abrir un estudio personal, en el que se dedicará a una serie de pinturas que alcanzarán un notable éxito en la afamada Galería estadounidense “Viviano”.

Costa Teguise, Pueblo Marinero

Pese a todos esos viajes y estancias, Manrique no quiere perder el contacto con su querida isla; su principal referente será sobre todo su amigo José Ramírez, que será luego elegido Presidente del Cabildo Insular y con quien colaborará a un proyecto artístico sobre el ambiente isleño. Ya en estas obras, es decir los Jameos del Agua y el Monumento a la Fecundidad, César Manrique manifiesta su filosofía artística adaptando, con singular equilibrio, los recursos del medio ambiente a las necesidades humanas, manteniendo una perfecta armonía entre los elementos naturales y la creatividad arquitectónica.

“Cualquier lugar de la tierra sin fuerte tradición, sin personalidad y sin suficiente atmósfera poética, está condenado a morir…”

“El mayor negocio que puede tener un país es la educación de su pueblo. Sin preparación cultural es imposible tener clara visión de futuro para planificar algo que nos beneficia a todos. Solamente así se destruirá todo sin perspectiva. Con una programación inteligente y con una conciencia clara de lo que se quiere, se abre un porvenir lleno de posibilidades tan inmensas como jamás podrán imaginar.”

César Manrique

Regresa a Lanzarote en 1968 y en el mismo año elabora la construcción de su casa, en el lugar Taro de Tahiche. Para levantar el edificio, eligirá cinco burbujas volcánicas de la erupción más reciente (siglo XVIII). Se trata en realidad de un conjunto sorprendente donde sobresalen enormes cristaleras, amplias terrazas, habitaciones luminosas, hasta una piscina situada en un jameo, donde todos los ambientes se comunican por medio de corredores excavados en rocas volcánicas y flanqueados por singulares jardines. A partir de 1988 abandonará esta casa para realizar el proyecto de una nueva vivienda en Haría. Seguirá trabajando en singulares proyectos de valorización del medio ambiente e del territorio como el sorprendente Jardín de Cactus de Guatiza, el Mirador del Río, la Esculturas en el Viento, el Pueblo Marinero de Costa Teguise y otros más.

El 25 de septiembre de 1992, un dramático accidente de tráfico le quitó la vida, a los 73 años de edad.

Lanzarote, Paisaje protegido

César Manrique supo introducir nuevos principios fundamentales para ecología, protección del medio ambiente, arquitectura y adaptación del desarrollo turístico a los escenarios del paisaje. Su actuación logró parar los excesos de las urbanizaciones turísticas que tantos daños habían causado en Lanzarote y en otros lugares costeros de Europa, así que hasta los habitantes y los políticos isleños aceptaron sus directrices y sugerencias, estableciendo nuevas normas de conservación y salvaguardia del medio ambiente canario. En efecto, toda la política turística de los últimos treinta años no sólo en Lanzarote, sino también en todo el archipiélago, ha sido marcada por la huella de su incansable y genial labor. La singularidad del quehacer artístico de Manrique se expresa en el carácter increiblemente protagonista de los elementos primarios de su isla, tales como el el mar, el fuego, la lava en sus formaciones de piedra y arena, y sobre todo la luz, esta irrefrenable luz canaria que el artista percibe como verdaderamente consubstancial a su obra. Su legado artístico y humano añade sin lugar a duda un ladrillo importante a los pilares básicos de la más moderna e innovadora concepción del territorio. Colaborando con las Instituciones, la Fundación César Manrique, con domicilio en Taro de Tahiche, en la que fue la casa del artista, continúa la divulgación de su filosofia urbanística, social y del medio ambiente. No es un caso si este mismo año, el “Premio Internacional Carlo Scarpa para los jardines”, patrocinado por la Fondazione BenettonStudi e Ricerche de Treviso será entregado al Jardín de Cactus lanzaroteño.


Nando Pozzoni