Cuando finalmente conocí a Mario Vargas Llosa

Milán, 7 de junio de 2018. Alrededor de las 4 p.m llegué al Aula Magna de la  “Università Cattolica del Sacro Cuore”, un aforo de quinientas personas,  repleto. Afortunadamente mis amigos del taller de escritura del Instituto Cervantes me habían reservado un puesto en las primeras filas.  Llegó el día, finalmente. Ni imaginarme que sería viviendo en Italia; la vida da muchas vueltas y uno con ella. Precisamente en el mes de noviembre del año pasado fue publicada en este mismo espacio mi crónica anecdótica titulada “El día que no   conocí a Mario Vargas Llosa” relatando la experiencia vivida en el año 2008 cuando estuve a punto de conocerlo en un restaurante en la ciudad de Caracas; quizá entonces hubiese tenido la oportunidad de tomarme una fotografía, decirle que admiro su pluma y que es uno de mis escritores latinoamericanos favoritos.

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El viaje

Primera parte: Un solo aplauso…

Llegué al aeropuerto de Malpensa, Milán, con suficiente tiempo de antelación; había prechequeado on line el día anterior y eso facilitó el proceso; encabezaba la lista de pasajeros en pasar al counter de toda la fila que ya se había formado, y en pocos minutos ya me encontraba en la sala de embarque esperando para abordar el boing que me traería en mi primer viaje de regreso a mi país, Venezuela

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El día que no conocí a Mario Vargas Llosa

usto una semana atrás habíamos asistido, mi prima Yudy y yo, a este centro comercial en cuyo sótano está, literalmente, la movida cultural caraqueña, se llama Trasnocho Cultural, inaugurado en el año 2001; un recinto de oxígeno, una alternativa cultural y de entretenimiento de calidad y vanguardia que los venezolanos, y en particular, los habitantes de Caracas agradecimos: varias salas de cine, dos salas de teatro, una chocolatería, una sala de exposición de arte, una tienda de artesanías, una sala de yoga, una estupenda librería, una vinatería, un Lounge, un café y un restaurant.

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