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La gente en el sol de Edward Hopper

Cuando llegó un grupo de personas para pasar algunos días en mi pequeño hotel pensé que por fin la situación iba normalizándose. Además, me parecían personas adineradas, si consideramos sus prendas. Dos hombres que parecían ejecutivos y una mujer elegante con zapatos blancos de tacones. Otra mujer, la rubia, actuaba de portavoz. Fue ella que me pidió cuatro habitaciones silenciosas y nada de comida. Cuando se levantaron, la mañana siguiente, la rubia me dijo que no necesitaban desayunar, solo deseaban tomar el sol en un lugar tranquilo. Ahora están sentados en las sillas, cada uno mirando hacia el campo de trigo o las colinas que parecen perfiles. Los tres están atrapados, hipnotizados y sumergidos en una contemplación silenciosa, Parecen esperar algo. Yo me siento en la segunda fila, y me pongo a leer, o mejor dicho, trato de concentrarme en la lectura, pero en realidad me he dado cuenta de que la joven rubia no está inmueble tomando el sol, se ha girado hacia su derecha. Tal vez podría acercarme y hablar un poco con ella. De pronto me llegan palabras, y en una comunicación cerebral la rubia me explica lo que yo en este lugar aislado no había bien entendido. “Un día la normalidad se acabó. No se podía salir de casa, ni acercarse a los demás. Nada de relaciones personales. Pero yo, al estar harta de la situación, desobedecí. Salí de casa y solo encontré a estas personas a las que me uní, sin darme cuenta de lo que iba a pasar. Me obligaron a ser su acompañante. He tenido que traerlas a este lugar para que pudieran recuperarse lo más pronto posible. Estos tipos, son robot autómatas y cada tres días necesitan tomar el sol para recargar las baterías y actuar como si estuvieran humanos. Yo no soy así, no puedo fingir ser un robot, tengo que alejarme de esta condición. ¡Ayúdame!” Le contesté: “Haré mi mayor esfuerzo para sacarte de esto y devolverte tu vida. Diferente a como era antes pero quizás mejor. Este no es el mundo de mañana. Habrá un mañana diferente y ojalá mejor. ¡Tienes que creerlo! 

Raffaella Bolletti