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……..#BREVIARIO

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Valeria Correa Fiz


El negro como género tiene muchas definiciones, más o menos inclusivas, pero a los efectos de presentar la antología que nos reúne hoy, Seis tonos de negro, hablaré solo de algunas de sus características en relación con el libro. Para empezar, diré que los relatos aquí contenidos presentan atmósferas asfixiantes de miedo, violencia, injusticia, inseguridad y en algunas también se involucra, lateralmente, la corrupción del poder político.
Los cuentos aquí reunidos son historias pesimistas sobre gente de distintas extracciones sociales, de pueblo o de ciudad, incluso de distintos países del mundo que están hermanados porque el mal no tiene fronteras. El grueso de los personajes, incluidos sus protagonistas –o debería decir, especialmente incluidos–, son sujetos cuestionables. No importa que se traten de niñas a la hora de la siesta (Es un secreto, María Teresa Urrichi Moya), mujeres de pueblo devotas (Conejos y cantos, Yolanda Gil Jaca), enfermeras divertidas o enfermas terminales (La anciana, Elizabeth Villamán), actores (La noche de la gran luna, Ángeles Navarro Peiro), si hasta los padres más abnegados y, a veces con las mejores intenciones (Un refugio familiar, Silvia León), se apartan del camino del bien, un camino que los aleja al mismo tiempo de la sociedad y de las restricciones morales que permiten considerarla civilizada.
En este sentido no es extraño concluir que el tono de estas escritoras suele ser árido y nihilista, aunque no exento de pinceladas de humor, erotismo y hasta algún que otro pasaje de prosa lírica; los personajes –que por codicia, lujuria, celos o enajenación– caen lentamente en una espiral descendente a medida que sus planes y argucias van cobrando forma o fallando hasta un desenlace inesperado. Tanto si su motivación es tan transparente como un beneficio ecónomico doméstico, como en el cuento El televisor de Marian Peyró o tan escondido como los celos entre hermanas (motivo que se repite en diversos cuentos de la colección), las figuras centrales de las historias negras están condenadas a la desesperanza. Quizás los motive la persecución de un dinero aparentemente fácil o el amor proyectado casi con certeza en la persona menos indicada del sexo contrario. Las maquinaciones le llevarán a mentir, robar, engañar y hasta matar a medida que se vean cada vez más atrapados en una red de la que les resulta imposible escapar. Y mientras se ven comprometidos en esa persecución desesperada de sus objetivos se verán traicionados, engañados, y, en última instancia, destrozados. La posibilidad de encontrar un final feliz en una historia negra es remota, incluso si definimos “feliz” a partir de los criterios establecidos por el propio protagonista para una resolución satisfactoria. No, las historias negras siempre acaban mal porque la corrupción de los personajes es inherente y ése es el destino inevitable que les espera.
Seis voces. Seis modos de mirar el mundo. Seis maneras de afrontar el género negro. Seis, seis, seis, el número de la Bestia que gobierna nuestro lado oscuro. Seis tonos de negro que pintan una vasta cartografía de los males que nos aquejan. En suma, un libro de relatos muy recomendable para los amantes de las emociones fuertes. 

Valeria Correa Fiz

Fragmento del texto leído en la presentación de Seis tonos de negro en la Biblioteca Elena Fortún.

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