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Puede que en la oficina de Correos en St. Aldate’s, en Oxford una empleada todavía se acuerde de mí, aunque ya pasaron muchos años. Es que yo escribo postales. No envío fotos con Whatsapp, ni Snapchat para tener al tanto los amigos de cómo van mis vacaciones. Nada. Si quiero hacer saber a alguien que estoy pensando en él o ella o ellos, pues, escribo una postal. Sin esperar que nadie me conteste, porque, digamos la verdad, mis coetáneos cuando ven una postal piensan que es cosas de abuelas, o por lo menos cincuentonas. A lo mejor, ellos sí, me envían un whatsapp: Tu postaaaaal…. Yo tb t exo d menos. Y cierran el mansaje con corazoncitos. Tratando de no tener en cuenta la urticaria que me entra cuando pienso en el desgaste abusivo de emoticons con corazoncitos, prefiero las postales. Muchas postales. Demasiadas, según los cánones ingleses.

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La oficina de Correos en St. Aldate’s creo que es la más grande de toda la ciudad, aunque no estoy segura. Además, es muy céntrica. Y venden sellos, que son fundamentales a la hora de enviar una postal. Hace años, como decía, entré en el edificio para comprar sellos.

Llega mi turno. Me acerco a la ventanilla. La empleada sonríe. Yo: Good afternoon. I would like to buy some stamps for sending postcards to Italy, please. Que sería como: Hola, necesitaría sellos para Italia, por favor. La empleada: How many? (¿Cuántos?) Yo: Forty. Traducción: cuarenta. Cua-ren-ta. La empleada, pobre, me mira y trata de contener mi patología, así me pregunta con una sonrisa: Fourteen? Ahora, es verdad que soy guiri, pero oye señora inglesa, estudié algo de tu idioma y la diferencia entre “fortíiiiiiiin” que es catorce y “fórti” que es cuarenta, sé cuál es. Entonces contesto con una sonrisa: Not fourteen. Forty, please. Ella me mira con dos ojos como platos, escribe algo en su ordenador y gira la pantalla para que yo vea: 40. Sonrío otra vez: Yes, forty. That’s correct.

No se lo creía. Empezó a reír y ya no me acuerdo que me comentó. Al final de mi estancia en Oxford escribí 42 postales. 41 para amigos y familia, porque todos sabemos cómo son las familias italianas: que si la escribes a la tía esa, a la otra también porque si no se enfada cuando lo descubra y lo mismo pasa con las amigas del cole, etc.

IMG_5028Una postal siempre la mando a mi casa, para mi. Es mi postal. Me envío una postal desde cada rincón del mundo adonde voy. Pero sobre todo, me escribo una postal cada vez que llego en Granada. Porque los buzones de Granada son como los huecos negros del espacio: tragan postales y no se sabe qué va a ser de ellas. Y pasa solo en Granada, porque si escribo desde Almuñécar que está ahí al lado las postales llegan.

En los últimos 10 años sólo llegaron 4 de Granada. Las seis que faltan, un misterio. Y eso que cambio cada vez el buzón: el de Gran Vía cerca de la Catedral, el que está en Plaza Nueva, el de los Correos en Puerta Real, el que está en Alhamar esquina San Antón… Nada. Hace 2 años, les juro mis lectores, me llegó un sobre desde una oficina de Correos en Malta. Dentro había mi postal escrita en Granada, con dirección correcta, Milán – ITALIA. Pero había llegado a Malta y los Correos malteses, muy amablemente, me la habían devuelto. Mi postal, una obra literaria. Decía: CIAO y debajo había diseñado yo misma un corazoncito. A lo mejor mis postales se pierden porque dan la urticaria.

Alessia Scurati