Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , ,

Vale 2015 grande.

……..#BREVIARIO

.

Vale Correa Fiz


Las colaboraciones entre artistas son muy frecuentes. Hay una, sin embargo, que es muy singular porque, cuando ocurrió, uno de los artistas era apenas un niño. Estoy hablando de la colaboración entre el famoso poeta neorromántico Rainer Maria Rilke y el pintor franco-polaco Balthasar Kłossowski de Rola, conocido mundialmente como Balthus.

Balthus realizó su primera obra de arte importante a los 10 años. Pintó cuarenta dibujos en los que narra una historia autobiográfica: la de un niño que encuentra un gato en una banca en el parque, se lo lleva, tiene muchas aventuras con él y al final lo pierde. A Rilke, que era amante de la madre de Balthus en ese época, le gustaron tanto los dibujos del pequeño que escribió un prefacio y los publicó bajo el título de “Mitsou, historia de un gato”.

Rainer Maria Rilke, Balthus y su madre (1922)

En el prólogo, el poeta se detiene a hablar de la naturaleza de los gatos, criaturas sensuales que pueden domesticarse, pero que nunca renuncian del todo a su condición salvaje. También reflexiona acerca del amor y de la pérdida, y de la dificultad para poseer otras vidas. La pérdida, dice Rilke, no es la simple negación de ese instante generoso que vino a colmar una espera que ni siquiera ustedes mismos sospechaban. Porque entre ese instante y la pérdida hay siempre lo que se llama –reconozco que con bastante torpeza- la posesión

La naturaleza del gato, como la de la posesión (ese tiempo entre la espera y la pérdida), es elusiva. ¿Acaso alguien puede asegurar que existen los gatos?, se pregunta el poeta. ¿Acaso alguien puede afirmar que se posee algo?, digo yo; y pronto recuerdo los versos del poeta español Vicente Gaos: Ni los propios huesos son una posesión segura del hombre.

A partir de la pérdida de su Mitsou, Balthus se empeñó en retratar todos los gatos que pasaron por su vida. El gato deviene así símbolo central de su obra, representando lo indómito en el hombre y también lo que no somos capaces de gobernar ni poseer. El gato fue también su dáimon (se dice que en su última casa vivían más de treinta gatos) y su alter ego. El rey de los gatos (1935) fue, de hecho, el título que dio Balthus al más famoso de sus autorretratos.

El rey de los gatos

El rey de los gatos

El pintor también se esmeró en retratar la espera. Guy Davenport, en su “Cuaderno de Balthus”, dice que todas las pinturas figurativas del pintor son purgatorios, en el sentido de que los personajes están siempre ensimismados, cavilando, soñando y esperando algo que quizá no acontezca. Las adolescentes de Balthus despliegan poses y elongaciones felinas y fueron retratadas con una ambigüedad y un erotismo muy propios de este animal doméstico pero salvaje.

Teresa soñando

Teresa soñando

Pero volviendo a la colaboración artística Rilke-Balthus, quiero recordar las palabras del pintor, ya mayor: “Nadie puede entender lo que representan esos primeros dibujos para mí; solo Rilke lo presintió”. Hay quienes afirman que la colaboración no se agotó con la publicación de los dibujos del niño Balthus. Un año más tarde, quizá influenciado por la poética pictórica de la pérdida y la espera que ya estaba presente en esos primeros cuarenta dibujos, Rilke escribió “Sonetos a Orfeo”: un poemario que refiere al mito griego que narra la pérdida de la amada a causa de la impaciencia en la espera. La voz lírica del Soneto II nos reclama: ¡Ay! ¿Quién, de la tierra, conoce las pérdidas?