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Mis viajes más interesantes empezaron hace veinte años atrás sin billetes de aviones o trenes, pero sí con pinceles y varios utensilios. Unos viaje sobre papeles añadiendo poco a poco nuevos utensilios, por ejemplo con tiralíneas inventados por famosos calígrafos.

 


Son viajes trámite alfabetos, colores, tintas y diferentes calidades de papeles: empecé con Alfabetos clásicos, un poco aburridos, y después de unos años continué con caligrafías inventadas, llamadas expresivas, no es necesario leerlas aunque siempre sea usado un texto de origen.
Puede no ser siempre un viaje organizado, al contrario la mano nos conduce no se sabe dónde.
Casi nunca se termina donde se quiere, el trayecto puede llenarse de imprevistos
Las maletas están llenas de tubos de colores, de botes de tinta y de utensilios variados; los movimientos parten de mi interior y se transmiten a través de todo mi cuerpo a brazos, manos y dedos.
Hay una energía que sube, sale y se deposita sobre hojas de papeles de varios colores, lisas o verjuradas.
La estación de llegada es mi mesa de trabajo: los papeles acogen mis trazados absorbiendo más o menos las tintas que voy usando.
Las diferentes letras de los Alfabetos se unen la una a la otra con grandes variaciones, al final el trabajo se puede recibir satisfecho o no, decidiendo si aceptar el resultado; a veces se puede arrojarlo a la papelera, y empezar sobre una nueva hoja de papel.
El cansancio tal vez es mucho pero si el trabajo hecho te gusta, te hace recuperar las energías empleadas.

Relato breve, ganador del concurso literario del Día del libro 2019 (premio Tapañol)
organizado por los amigos del Instituto Cervantes de Milán.


Simonetta Ferrante