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Milan, junio de 2018.

El calor oprime la ciudad, estoy en mi sillón delante de la computadora, Alejandro me mira con una sonrisa imperceptible, siento mis párpados pesados, pero estoy bien, vacío, relajado, acabo de leer Al rayar el día, uno de los relatos de Nadie está bien del todo que la Colección El pez volador ha publicado en mayo de 2018.

Un hombre regresa del sueño a la realidad, el aroma del café llena el ambiente matutino y se prepara para ir a trabajar. Mientras, la vida se despierta con alegría en la ciudad, como si estuviéramos en la canción Paris s’éveille de Jacques Dutronc, él:
Acelera el andar y se hunde en la oscuridad del metro cuando ya el sol ha ocupado la mañana.
También yo me despierto del todo, ante la descarga que me da esta frase anodina.
Y no es la primera vez. Los relatos de Alejandro Chanes son variados, de dimensiones diferentes, con el humor de Tati siempre presente, un humor de situación. Alejandro nos cuenta extractos de vida normal o casi, pero en cada uno de ellos hay algo raro, raro en los acontecimientos, en los personajes y, por supuesto, en las situaciones que nos hacen reír, a veces rechinando los dientes. Los payasos a veces son tristes, y la cara blanca se burla de ellos.

Los cuentos están reagrupados en tres secciones:

I.   Síntomas preocupantes
II.  Lo normal extraordinario
III. Todo esto es muy raro

Comentaré uno de los cuentos que más me ha gustado de cada una para que puedan hacerse una idea, pero todos son muy buenos y, aunque el conjunto es estremecedor, aconsejo saborear cada cuento como si fuera una verdadera praline, rica de reflexión.

I. Mi mujer, la muleta y yo
Crónica de una caída

En esta crónica no falta el humor inglés, que brilla en el episodio cuando nuestro protagonista es conducido en silla de ruedas y encuentra otro vehículo, un cochecito de niño:
Su ocupante me suele mirar raro, salvo uno muy solidario que me ofreció un conejito de goma. En cambio con otro tuve un pequeño problema; yo, de natural amable, acerqué mi mano para hacerle una caricia pero el muy … me pegó en el dedo y luego miró a su madre quien, con una sonrisa amorosa, dijo a mi acompañante: «está muy adelantado, tiene varios dientes», y luego con un gesto de la cabeza, dirigido hacia mi persona, preguntó: «¿y él?». Mi conductora le respondió muy satisfecha:
—Ya está dando los primos pasos.

II. Una historia corriente

Será corriente esta breve historia, pero no me asombraría que en un rincón oscuro del salón encontrásemos a un Hitchcock que con un dedo sobre los labios nos invita a decir que no le hemos visto. En la luz moribunda de un atardecer, en una habitación envuelta por la soledad, asistimos a un asesinato perpetrado por un corcho descorchado. Este es el ambiente en el que Alejandro magistralmente nos hace vivir esta historia corriente.

III. La sombrilla

Una mujer joven, con una sombrilla en su mano que hace girar de vez en cuando, avanza hundiendo sus pies en la hierba, aún húmeda por el rocío. La mañana es radiante, con un cielo azul apenas salpicado por pequeñas nubes dispersas. Tiene el semblante alegre, a tono con aquella explosión de paz y belleza que la rodea.
La luz, el ambiente, la naturaleza, tienen siempre mucha importancia en los relatos de Alejandro. Como amante de cine que soy, eso me gusta mucho; no me interesa solo el guion, si no que me encanta que el director me deje descubrir los alrededores de la historia. Después, cuando ocurre lo terrible, lo raro, lo inesperado, estoy preparado.

Aconsejo a todos que no se pierdan esta pequeña joya: Nadie está bien del todo.


 Jean Claude Fonder