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Puedo aún sentir su textura cremosa, lo crujiente de su barquilla, y ese sabor inconfundible, único, inolvidable; el cono de mantecado de la heladería Crema Paraíso; parte de nuestro ritual feliz durante mi infancia en Santa Mónica, Caracas, Venezuela.

Crema Paraiso

A unos cinco minutos o un poco más de mi casa quedaba esta heladería, siempre concurrida; la más famosa de la zona. Mayormente íbamos los fines de semana, aunque por la cercanía cualquier momento era bueno. Recuerdo con cuánta emoción esperaba el sábado o el domingo para disfrutar de uno de los placeres más sencillos en esa etapa y que me han acompañado a lo largo de mi vida: un helado.

Hay sabores, lugares y aromas que te activan los recuerdos y te conectan inevitablemente con las emociones, eso en parte es un helado para mí, significa: recuerdos felices, familia, afectos, alegría y felicidad.

Así como el chocolate, está conectado al placer, bienestar y felicidad. Abundan los estudios y literatura al respecto, sólo me permito mencionar en este caso la investigación realizada por el Instituto de Psiquiatría de Londres, en el año 2007, que comprobó, mediante resonancias magnéticas, que la ingesta de helados activa ciertas zonas del cerebro asociadas al placer y a la felicidad. En dicho estudio colaboró, no por casualidad, la división de helados de la firma Unilever. Los resultados indicaron que una cucharada de helado activa el mismo centro cerebral que cuando se gana dinero o se escucha una música que te agrada.

Un placer que me ha acompañado a lo largo de mi vida, primero durante mi infancia, en Caracas; luego durante mi adolescencia en la ciudad de Coro, Estado Falcón, al occidente del país, donde retomamos, generalmente los domingos, nuestro ritual feliz, después de conocer la mejor heladería, llamada El Sol; negocio de un inmigrante italiano y su esposa, con más de cincuenta años de tradición y que la generación subsiguiente han mantenido en el tiempo.

Luego, cuando regresé sola a Caracas a estudiar en la universidad, el helado me conectaba con mi infancia feliz y con la nostalgia de los tiempos pasados. De vez en cuando atravesaba la ciudad solo para ir a Crema Paraiso, cuando no tenía carro y cuando ya conducía también. Había otra en el este de la ciudad, en Bello Monte, pero no, para mí no era lo mismo. Me gustaba hacerlo sola, me sentaba y disfrutaba con felicidad y nostalgia mi barquilla de mantecado. Mi ritual de reconexión.

Siempre que iba a visitar a mi familia en vacaciones a Coro no perdía oportunidad de ir a la heladería El Sol. Y antes de venir a Italia volví a ambas, en Coro y en Caracas. Reviví mi infancia y adolescencia con nostalgia y fue un hasta luego, porque cuando vuelva tenemos una cita pendiente.

Al llegar a Italia, rápidamente retomé mi ritual de felicidad y a la semana de estar aquí fui a una heladería en Cesana Brianza, Lombardía, conocida en toda la región y catalogada entre las mejores, Bar, Gelateria Excalibur. Realmente puedo afirmar que hasta ahora el mejor helado que he comido en toda mi vida ha sido el de éste lugar. Realmente indescriptible, cremoso, espeso. Hecho con leche fresca que compran directamente de la “fattoria”. Siguiendo la expresión italiana comer un helado ahí es estar “al settimo celo, Mamma mia”

Creo que independientemente de la edad y el lugar donde uno se encuentre ¿A quién no le gusta un helado? Hasta ahora no he conocido ninguna persona que no disfrute de este delicioso manjar e Italia es perfecta para los asiduos del “Gelato” y dar rienda a este placer porque, entre otras cosas, es mundialmente reconocida por ser exquisitos y por su amplia variedad de sabores.

Aunque su origen se le atribuye a los chinos, concretamente al rey Tang (618-697 a.c), que creó un método para combinar hielo y leche con frutas, luego pasaría a la India a Grecia y a Roma. Marco Polo durante el Siglo XIII incorporó varias recetas traídas de sus viajes a oriente, y es precisamente en Italia durante la Edad Media que se extiende y da a conocer en Europa. El primer establecimiento destinado a la venta de helados fue propiedad del italiano Francesco Procope en París, en el año 1600 llamado “Caffé Procope”, para ese entonces se producían helados de vainilla y chocolate.

La fama de los helados italianos no es en vano, corresponde a una tradición histórica que ha evolucionado en el tiempo. Puedo afirmar, que en todos los establecimientos que he visitado en mi permanencia en Italia, con sus matices y diferencias, son realmente buenos, otros indudablemente exquisitos. Cuando conozco algún lugar procuro ir a alguna heladería cercana a probar y disfrutar un gelato, no importa la estación, así sea en invierno, siempre es bienvenido.

Gelati Toldi

Mi última grata experiencia y agradable sorpresa la tuve recientemente cuando estaba de paso en la ciudad de Lecco a pocos kilómetros de donde vivo e iba a visitar a una amiga y sus niños y entré por casualidad a comprar un helado en Gelati Toldo no la conocía; una heladería artesanal fundada en 1925, presente además en Milán, Tirano y Sondrio.

Ciocolatto Venezuela

Entre la variada oferta de sabores mi mirada saltó a uno especial y que me llenó de profunda emoción “Ciocolatto Venezuela”. En el poco tiempo transcurrido como residente en Italia hasta ahora no me había topado con un helado a base de chocolate venezolano (mundialmente reconocido entre los mejores cacaos), realmente delicioso. Una buena noticia, porque entre otros, éste sin duda será parte de mi ritual sencillo de felicidad.


Narsa Silva

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Narsa A. Silva Villanueva (Caracas, Venezuela 1972)

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