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Tema del día(21/6/2017): MAR


1. MAR de Iris Menegoz

Las olas de tu mar de música dejan sobre la playa las caracolas de mis miedos,  de mis errores, de mis recuerdos. Ayer encontré la caracola de un amor equivocado.  La miré.  La reconocí. Al final era solo una vieja caracola vacía que el sol secó lentamente.
¡Por favor,  te ruego,  no abandones tu océano de notas!
Ayer,  sin saberlo,  tocaste el piano solo para mí.

2. LA SIRENA de Luigi Chiesa

Estaba sentado sobre unas rocas mirando hacia abajo el mar esperando la puesta del sol. Nunca había visto el rayo verde, o sea, cuando en el último instante el globo luminoso se hunde detrás del agua dejando el famoso fenómeno óptico. El mar estaba tranquilo, unas olas blancas rayaban de lejos la superficie, el cielo casi obscuro pero limpio permitía una vista perfecta. De repente me entró sueño y me dormí. Cuando me desperté era de madrugada y no estaba solo, a mi lado estaba sentada una sirena sonriente que me miraba por encima del hombro.

3. CARTA AL MAR de Raffaella Bolletti

Empiezo los días mirándote desde el balcón. Amanece y mi vista se pierde en tu horizonte infinito con el sol saliendo poco a poco por detrás de las olas y reflejándose en tus aguas; tu color va cambiando continuamente, reflejas el cielo y basta con unas nubes para que tu azul se vuelva más oscuro. En las noches despejadas tu superficie se vuelve de plata como la luna. Me encanta mirarte y escucharte, hay algo misterioso que me fascina y me da inquietud. ¿Qué tal sería sumergirme en tus aguas azules, verdes, grises, dejarme llevar hasta el bosque oscuro que hay en tus profundidades, y perderme entre caracolas, estrellas, y peces de colores?

4. MAR, MARIS de Graziella Boffini

Amarrado al mar
por amarte,
maravilla

5. EL MAR de Marie Louise Bockholtz (*)

No, mi mar no es el mar de Ulises, tampoco el mar de los romanos,  ni siquiera el mar de las conquistas. Mi mar es frío, más gris que azul, puede ser que haya llevado a los vikingos hasta Francia. Ha visto los barcos de la invencible armada. La fuerza de sus vientos ha volcado muchos galeones. Algunas veces la niebla impide ver a dos metros de distancia. Pero es el mar que quiero.

6. LA PRIMERA MAR QUE VI de Jean Claude Fonder

—¡Mañana, vamos al mar!— sentenció mi padre.

El mar, algo mítico para mí y para mi hermano. Sabíamos solo que había mucha arena y agua. Mi madre y mi tía estaban preparando esta vacación desde hacía mucho tiempo. Iban de compras para adquirir todo lo necesario y más.
—Costará mucho menos aquí que “al mar”— decretaban.
Estaban desencadenadas, compraban vestidos de verano, bañadores, juguetes de playa, y misteriosamente papel crepe, con el que realizaban flores únicas y maravillosas.

Esa noche no dormimos, esperábamos la salida, que nos parecía, nunca llegaría. Finalmente el coche sobrecargado (mi padre había subido la presión a las ruedas) había recorrido los cien kilómetros que nos separaban de la ciudad balnearia y estábamos en la última avenida antes de llegar al mar. Nuestra impaciencia estaba en su punto álgido.

De repente la vimos: la Mar, inmensa, majestuosa, con un manto real de armiño adornado, que bailaba en su salón de arenal y se lanzaba hacia mundos infinitos que no conocíamos.

Nunca olvidé este primer encuentro.


Tapañol, el club de los amigos del Instituto Cervantes de Milán, organiza el miércoles, cada quince días, un aperitivo  en el BAR ITALIANO DE PECK.
Contemporáneamente se organiza un concurso de “Microrrelato, copa en mano”  así llamado porque no nos tomamos en serio. No es un concurso de literatura o de español. Nos divertimos. Los publicamos en esta sección.

(*).. Micro ganador