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Vale 2015 grande.

……..#BREVIARIO

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Vale Correa Fiz


Las circunstancias que originaron la novela Frankestein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, parecen una novela gótica en sí mismas. La vida no convencional de su autora en el verano de 1816 (tenía solo 18 años), la compañía durante ese mes de junio y un clima aciago contribuyeron a la génesis de su libro más famoso.

PORTADA DE LA TERCERA EDICIÓN DE FRANKESTEIN (1831)

PORTADA DE LA TERCERA EDICIÓN DE FRANKESTEIN (1831)

El clima en el verano de 1816 fue memorable por una conjunción de circunstancias lamentables. La erupción del Monte Tambora en Indonesia envió nubes de ceniza volcánica a los cielos, la actividad solar descendió. Las lluvias aumentaron y las temperaturas bajaron bruscamente. Llego el verano, pero las condiciones climáticas eran pésimas. La gente encendía velas desde el mediodía, los pájaros se adormecían a deshoras, en pleno día. El descubrimiento científico de que el sol tenía grandes manchas oscuras hizo que se elevara el sentimiento apocalíptico en el hemisferio norte.

Suiza fue, sin duda, el país europeo que padeció con más rigor las inclemencias meteorológicas del año sin verano, como se llama desde entonces al aciago 1816. Allí llegaría Lord Byron, en compañía de su médico John Polidori, desde Inglaterra, en un carruaje que imitaba al de Napoleón en Waterloo. Se instalaría a orillas de lago Lemán, en un palacete porticado, conocido como Villa Diodati. Unas semanas antes, Lord Percy Shelley (expulsado de Oxford y desheredado por su padre), había abandonado a su esposa e hijos para escaparse a también a Suiza con su joven amante, Mary Godwin (luego Mary Shelley).

MARY Y PERCY SHELLEY

MARY Y PERCY SHELLEY

Corría el mes de junio de 1816 cuando la pareja de los Shelley visitó a su vecino poeta, Lord Byron. Las tormentas les obligaron a quedarse en Villa Diodati durante varios días. Impresionado por la lobreguez del ambiente, con el cielo totalmente cubierto de oscurísimas nubes que ocultaron el sol durante tres días, Byron compondría un poema, al que llamó “Oscuridad”, que comienza así: Tuve un sueño, que no fue un sueño./ El sol se había extinguido y las estrellas/ vagaban a oscuras en el espacio eterno.

Mientras la luz de las velas se debilitaba y los rayos azotaban la oscuridad del lago Lemán, Villa Diodati fue el hogar de discusiones entorno al galvanismo, la naturaleza de la “chispa de la vida” y otros principios filosóficos de animación. Los conocimientos médicos de John Polidori hacían de contrapeso a la imaginación especulativa de Byron y Percy Shelley durante esas tertulias compartidas. Mientras tanto, Mary Shelley callaba.

Para combatir el aburrimiento del encierro y tras la lectura de Fantasmagoriana, una antología de cuentos de terror, Lord Byron propuso un reto: escribir historias de fantasmas aún más terroríficas que las del libro. Así nacen dos mitos literarios inolvidables: Frankestein, concebido por Mary Shelley luego de una pesadilla, y el vampiro, relato de John Polidori que sirvió de inspiración a la novela epistolar de Bram Stoker, Drácula.

Doscientos años después de aquel año sin verano, la plataforma artística Hijos de Mary Shelley se propone revivir aquel encuentro. Ven tú también a Villa Diodati-Iruelas, una convivencia de escritores y artistas de género fantástico y terror, que rendirán homenaje a aquellos románticos aventureros de 1816. ¿Quién será capaz hoy de concebir un mito inmortal, de dar vida a una criatura única?

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