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Rossy de Palma en el Grassi

Fuimos al encuentro con Rossy de Palma en el Piccolo Treatro Grassi. Descubrimos una mujer extraordinaria, llena de simpatía, sencilla y muy interesante. La sala del teatro estaba atestada, a pesar de que haber trasladado allí el encuentro que inicialmente se pensaba hacer en el claustro. El ambiente estaba cargado de emoción, Rossy hablaba un italiano muy bueno y no dudaba en responder directamente a las personas que en las primeras filas le preguntaban algo o hacían algún comentario. Nos contó un poco su carrera, sus relaciones privilegiadas con Pedro (obviamente Almodóvar), su amor por Italia y, también cómo había preparado el espectáculo aquí en el Grassi. De hecho, a parte de una pequeña preparación en Girona, todo lo desarrollaron en Milán así que no se esperaban la  acogida tan generosa y espontánea que el público milanés les había reservado.

Vimos el estreno del espectáculo y nos gustó muchísimo. Estaba construido como una serie de cuadros que hábilmente, con elegancia y con equilibrio nos presentaba todas las facetas del arte de Rossy de Palma, su gusto por el teatro, la poesía, el surrealismo, el humor…  sin faltar un toque de feminismo. Porque ella es una mujer, una gran mujer, aunque quizás no sea esa la impresión que nos dejan las películas de Almodóvar.

Resiliencia de amor

Representación escénica

Rossy de Palma, definida como “La dama Picasso” por sus extraordinarias facciones asimétricas, nos lleva de la mano por el Surrealismo tangible, material y vital. Después del conocimiento de la inconsciencia postmoderna, se descubre la pura absurdidad de la vida y bajo el prisma del Cubismo, Surrealismo, Expresionismo y Constructivismo, la artista multidisciplinar reivindica la validez de su idiosincrasia física y mental así como la necesidad del arte como salvación suprema para afrontar lo monstruoso de la diversidad. Nos ha hablado de la creación inconsciente, del misticismo de la existencia, de la terapia creativa, de cómo una nariz provocadora se puede transformar en uno escudo protector, de cómo la sensibilidad se abre a la versatilidad artística creando una resiliencia de amor, de cómo el arte puede representar la fragilidad de la vida o de la complejidad de un mundo en cambio constante.

Con los versos de Lorca, las sugerencias visuales de Picasso y de Dalí, Rossy de Palma declara su amor por el surrealismo, es más, su identificación con el mismo, en un recital que entreteje historias de amor y de mujeres como la de Gala, la musa de Dalì, cuyo fantasma “vive” todavía en la mítica ciudad de Cadaqués.

Mi vida es un acto de rebeldía, animado por la voluntad de desmenuzar, de saber lo que se esconde detrás de la apariencia  de las cosas, como si la vida fuera una cebolla, a la que vas a quitar capas, para descubrir que al final no hay nada, solo la humedad de las lágrimas que has derramado. Me he sentido sola, única en mi especie, como un anacronismo, un error. La poesía,  el dadaísmo,  el surrealismo, los primeros amigos, el primer amor…  creía que me iban a confortar ante la adversidad. Así que mi trabajo fue en sus comienzos un acto para aprender a quererme a mí misma. Sin saberlo hacía y sigo haciendo una resiliencia de amor.

Rossy de Palma

Resiliencia de amor

Resiliencia de amor

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GRACIAS ROSSY

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Jean Claude Fonder

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