
—¿Cómo te llamas?—, me preguntó una chica rubia, con pelo trenzado y profundos ojos azules. Se sentó a mi lado sin esperar la respuesta. Estaba en un autocar que nos llevaba a Italia.
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—¿Cómo te llamas?—, me preguntó una chica rubia, con pelo trenzado y profundos ojos azules. Se sentó a mi lado sin esperar la respuesta. Estaba en un autocar que nos llevaba a Italia.
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