La rebelión de los colores

Era un infinitamente blanco en un enorme lienzo que permaneciera omnipotentemente blanco durante meses que parecieron siglos en espera a que yo me resolviera darle vida mientras que al lado pintaba otros menos grandes. Lo observaba desde la puerta-ventana abierta de mi alcoba tan pronto me levantaba cada mañana. Todos los días era lo primero que veía siempre y desde allí, un poco lejos, me susurraba que debía de ser más expontáneo, que no calculara tanto y empezara.

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