Casi perfecta

Sentada en primera fila estaba disfrutando el concierto magistral y maravilloso de esta espigada y hermosa joven de apenas diecinueve años; el público la ovacionaba al terminar cada ejecución. El repertorio incluía las piezas de grandes clásicos y también jazz. Una sublime fusión de ambas la hacían sobre el escenario única, especial y con una voz que parecía dibujada por los ángeles. Las lágrimas corrían sin pudor por mis mejillas, aquélla niña era toda una mujer, toda una artista y yo estaba ahí para apoyarla, su profesora durante ocho años.

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El Testigo

Observé cómo caminó lentamente hacia la cama clínica que habían instalado en el cuarto de estudio en la planta baja de la casa para hacerle, un poco más cómoda, la corta vida que le quedaba. Ya Genoveva no podía subir y bajar escaleras por sí sola. Me pregunté qué podía hacer a esta hora allí, si suele llegar solo en la noche y por qué había entrado sigilosamente a la casa.

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