El amante

—Me gusta verte caminar con las nalgas al aire— me dijo cuando me alcé para ir al baño.
En esta época me sorprendía que una mujer pueda apreciar una parte de mi cuerpo, y sobre todo decirlo. Era estudiante en la universidad libre de Bruselas, las tardes solía jugar a naipes, al whist por dinero, un juego símil al bridge. Había siempre espectadores alrededor de nosotros. Un día se acercó detrás de me una chica. Observó mi juego durante un momento y luego me preguntó:
—¿Cuándo estás libre?

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