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Coveñas, Colombia

Tema: FUTURO

1. FUTURO de Simonetta Ferrante

Cuando yo era joven, el futuro se presentaba como un arcoíris de colores. Ahora, nuestro futuro parece un agujero negro y amenazante, con todos los colores que teníamos antes totalmente cancelados.
Cuando éramos jóvenes, el futuro se podía dibujar más o menos exactamente, con la seguridad que daba eso y nos mostraba un camino; ahora todo parece dudoso, improvisado.
El agujero negro podría comernos de repente y dejarnos sin futuro.
En el momento presente no podemos programar ni tan siquiera el futuro próximo, nada de vacaciones, tenemos que quedarnos donde estamos.
Todas nuestras citas y las de nuestros amigos han sido retrasadas. ¿Pero hasta cuándo?

2. DE PELÍCULA de Graziella Boffini

Siempre he deseado vivir como dentro de una película. Evidentemente mis deseos fueron escuchados, pero no entendidos puntualmente.
Yo me imaginaba esos bulevares con altas palmeras a los lados que dejan la luz jugar con las sombras, idealmente construidas para recorrerlas sobre un cabriolet blanco, quizás un Jaguar, con asientos de verdadera piel clara, del goloso color caramelo del manís, el mismo color del azúcar tostado. Y yo conduciendo, el cuello adornado con un pañuelo de seda colorida de Hermes, la cara medio escondida tras unas enormes gafas de sol, estilo diva, Gucci por supuesto.
No pensaba que, al contrario, terminaríamos en una peli con guión de ciencia ficción, pero no una estereotipada con astronautas, base lunar, ovnis y extraterrestres verdes con piel de lagartija, además de la obligatoria babita gelatinosa a lado de las bocas con dientes que ni los tiburones primitivos, sino una del género futuro distópico.
Ahora sí que lo nuestro es de película, estamos en una oximórica ucronía de tiempo presente, con cotidianos decretos de leyes contradictorios, finalmente dándonos cuenta de que la sanidad pública había sido derrotada.
Estamos enfrentándonos a un enemigo invisible, un parte de guerra que empezó con una simple gripe que no era tan simple, causada por comer murciélagos, perros, gatos tarántulas sin tan siquiera cocinarlos, los poderes fuertes, el 5G, el 8K, los Mayas que se equivocaron por ocho años, el investigador incapaz que lo dejó escapar del laboratorio por una distracción.
Ahora estamos esperando la inmunidad del rebaño, ni que fuéramos ovejas, ya acostumbrados contar muertos cada día a la hora del aperitivo, con el miedo de que pueda mutar, siguiendo a los que tiran piedras a los que hacen footing y acabando con guardia di finanza, helicóptero y drones persiguiendo a un despistado paseando solo con su perro en la playa. Sin olvidar los que se murieron de verdad, inclusive escritores, famosos, médicos, enfermeros, desconocidos, ancianos, jóvenes, y otros que no están en la lista.

3. ARAUCA – COVEÑAS de Maria Victoria Santoyo (*)

Estoy de nuevo ante el mar de los siete colores y todo parece igual, los manglares que crecen en aguas salinas, pero en la playa noto que la arena fina de Coveñas tiene manchas de piel curtida. Esa linfa viscosa viene del subsuelo de las llanuras donde se calcula la distancia en días a caballo, a mil kilómetros del Caribe. La linfa de la tierra viaja por tubos que desangran los depósitos subterráneos de las llanuras del Orinoco y se la llevan hacia el norte. A su paso quedan ambientes desolados, ríos contaminados, tierras anegadas de petróleo y en el mar, las petroleras dejan su huella mortífera.
Monstruosas máquinas escarban el vientre de los llanos y, en marzo de 2014, una sequía sin precedentes dejó decenas de miles de esqueletos diseminados por la llanura, los acuíferos habían sido horadados y el agua había desaparecido. Los estudios de vulnerabilidad de años atrás decían: “amenaza de alto grado”.
El grito agonizante de chigüiros, caimanes, vacas, se desvanece en el aire. ¿Qué nos espera en el año 2050?
Me zambullo en el mar para alejar el hedor de los cadáveres resecos allá, tantos kilómetros abajo.

4. EL FUTURO EN EL TIEMPO DEL VIRUS de Leda Negri

El futuro que imagino está muy lejos. Veo una hermosa playa de arena fina y dorada con el mar claro lleno de pequeños peces nadando en la orilla, veo una casa en medio de un bosque con un césped de flores. Es lo que me ofrecía cada verano de mi vida y que nunca aprecié lo suficiente, deseando ir a otros lugares. Ahora todo esto me parece un regalo maravilloso y es donde desearía poder ir con toda mi familia y ver a mis viejos amigos.
Esta horrible emergencia que nadie hubiera imaginado, nos ha enseñado a apreciar más lo que tenemos. Nunca quise abrazar y besar a mis amigos tanto como ahora, y entiendo que elegí a las personas adecuadas porque extraño su presencia.
En esta situación no faltan preocupaciones, el dolor por los muertos, el miedo de enfermarse y de no tener los medios para vivir, sin embargo, tuvimos mucho tiempo para reflexionar.
En realidad, tenemos demasiado, y podemos renunciar a algo y dárselo a quienes más lo necesitan. Encerrados en casa, el mundo ha mejorado, los niños se han quedado más con los padres quienes siempre trabajan y nunca tienen tiempo para
ellos, los animales ya no se sienten amenazados, no hay ruido, el aire está limpio e incluso en Milán puedes respirar bien si no contraes el virus….
Me pregunto si en futuro, cuando volvamos a la normalidad, recordaremos los valores verdaderos o si comenzaremos a comportarnos como antes. 

5. REGRESO AL FUTURO de Jean Claude Fonder

El olor a pan, un olor de mi infancia; el sol, que hace sonreír a nuestra vieja ringhiera; las aves que cantan de nuevo; la frescura del aire, un verdadero decorado primaveral para el nuevo día. Me despierto. 
El timbre de mi puerta resuena en el silencio matutino. Alegremente voy a abrirla. 
—¿Quién es?
—Tu vecina, responde una voz joven y femenina.
Abro sin miedo. Una mujer hermosa y despeinada me sonríe francamente a pesar de la máscara, está en bata rosa y usa guantes. La reconozco. Es la persona que vive al final de la ringhiera. Nunca habíamos hablado. Creo haberla visto alguna vez en el ascensor. Hay que decir que, como en todas las grandes ciudades, entre vecinos apenas había contactos.
—Te he traído dos porciones de la tarta de verdura que acabo de hacer, es demasiado para nosotros.
¡Que maravilla! No sólo ese perfume que me rejuvenece, sino también el hermoso aspecto dorado de la tarta que rebosa salsa bechamel y que me anuncia un pequeño festín. Confundida de emoción por este gesto inesperado, se lo agradezco calurosamente.
—Sé que bajas la basura por la noche, déjala aquí cerca de mi puerta. Tengo que llevar la mía también y, como es mejor no usar el ascensor, bajaré también la tuya.
¿Qué más puedo decir? Al día siguiente la vecina de abajo nos propuso ir a comprar el pan, la portera nos hace la compra en el supermercado, la vecina de la otra esquina organiza todas las noches un aperitivo de ringhiera, a distancia, cada uno detrás de la celosía que da al balcón. 
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6. ¿FUTURO? ¡NO, GRACIAS! de Iris Menegoz (*)

Dijo el viejo Seneca: 
— ¡Espera en el futuro sólo quién no sabe vivir el presente!
A estas alturas de mi vida, mi actitud frente el futuro es muy distante.
Nunca fui una ferviente partidaria del futuro, ni siquiera cuando era joven. Pronto comprendí que esperar en el futuro era caer en una trampa. El futuro es mentiroso, te engaña, te toma el pelo. Demasiadas veces mi futuro ha cambiado en un día. No puedo confiar en él.
Hoy es mi futuro.
Esta noche es mi futuro.
Aún así, hablar de futuro en estos días pendientes y turbios, me parece arriesgado, como si jugáramos a la “Ruleta Rusa”. 

7. EL DON de Luigi Chiesa

Soñaba mucho, era su fuerza, podía dormir muchas horas, y por la mañana cuando se despertaba le gustaba volver a dormir para repasar los sueños que había tenido durante la noche. Quería asegurarse de que los recordaba bien para poder contarlos, incluso si algo cambiaba en la narración. Era un don natural suyo, una notable fuente de inspiración, por lo que incluso durante esos días de “encarcelamiento” forzoso no querría salir. Quedarse en casa era sublime, no era una restricción, era como presionar un botón de la máquina del tiempo y empezar a soñar. Podía elegir el futuro o el pasado, normalmente elegía el pasado que proyectaba hacia el futuro, recordaba los momentos más bellos de su infancia, los días fríos y nevados y el calor de las mantas. Hubiera querido que esos momentos mágicos volvieran, hechos de oscuridad, ternura; cuentos de hadas y gnomos, duendes y extraños animalitos con nombres curiosos. El futuro no le reservaba mucho, y entre el pasado estaba el presente y la vuelta a la normalidad, lo que más temía.
Recordaba siempre un poema de Raymond Carver, un papelito que guardaba un poco arrugado en su cajón:
—esta mañana hay nieve por todas partes. Hacemos comentarios al respecto.
Me dices que no has dormido bien. Yo digo que yo tampoco. Tuviste una noche terrible. “Yo también”.
Estamos extraordinariamente tranquilos y tiernos el uno con el otro,
como si cada uno de nosotros percibiera la fragilidad mental del otro.
Como si supiéramos lo que siente el otro. No lo hacemos, por supuesto. Nunca es así. No importa.
Es la ternura lo que me importa. Ese es el regalo que me mueve y me sostiene esta mañana. Como cada mañana.
No había futuro quizás, sólo pasado y vuelta a la normalidad. 

8. FUTURO de Raffaella Bolletti

Recuerdo que fue como si me hubiera despertado de una larga pesadilla. Eran malos tiempos. Tenía que marcharme cuanto antes. Dejarlo todo atrás, mi isla, mi casa, los pocos amigos y buscar un futuro que imaginaba linealmente hacia adelante. Eso era lo que deseaba. Tenía ganas de subir a mi pequeño barco pesquero y surcar las aguas. La cocina del barco estaba completamente abastecida con todo lo que necesitaría. Era tiempo de zarpar, finalmente sin equipamiento de protección individual, sin rumbo fijo, sin saber lo que me esperaría. Entonces me alejé del muelle para ganar las aguas del mar abierto. A solas con los sonidos del viento y de las gaviotas. Navegué algunas semanas por el Mediterráneo hasta llegar al Atlántico donde me abandoné a una locura seductora para perder la noción de una realidad devastadora. Me gustaba estar a merced de las olas. Una tarde me senté en la proa y cerré los ojos. Entonces imaginé tener en mis manos una bola de cristal que me permitiera ver el futuro, imaginé, también, disponer de la posibilidad de preguntarle a la bola hacia cuál de los puntos cardinales hacer rumbo. De repente tuve la sensación de que algo semejante a agua me mojaba las piernas. Probablemente me había quedado dormido un rato con la bola en el regazo. Al abrir los ojos me di cuenta de que tenía en la mano izquierda una copa de Cava que iba derramándose y que en el suelo estaba una botella vacía. Una vez desaparecido el efecto de la borrachera todo fue más claro. Tomé el timón y puse la proa al este hacia un nuevo amanecer. Mi futuro era esto: volver a mi pequeña isla y empezar desde cero.

9. EL FUTURO DEL FUTURO de Silvia Zanetto

Laura encendió el ordenador para empezar la clase. Uno a la vez, los ectoplasmas de sus alumnos iban apareciendo en la pantalla. Laura iba a silenciar sus micrófonos, pero decidió esperar un momento: en el vacío del apartamento en el que estaba encerrada desde hacía semanas, echaba de menos sus chistes ruidosos y sus preguntas inoportunas. Pero las caritas electrónicas y pálidas de los muchachos seguían calladas. “Vosotros sois el futuro del mundo” solía decirles antes, cuando los elogiaba e incluso cuando los regañaba. Ahora, le molestaba hablar de futuro hasta en sentido gramatical.
Era como verlo todo a través de un catalejo invertido, ahora que las preocupaciones pasadas por el futuro se habían convertido en mosquitos risibles y ya no molestos, ahora que un futuro inimaginable ya había llegado, cargado de soledades y videoconferencias, de camiones que se llevaban a los muertos a una sepultura indigna, ahora que abrazar a una persona querida podría convertirte en un ángel de la muerte.
Los chicos, cada uno en su rectángulo de la pantalla, iban apareciendo, saludaban tímidos o con desgana: había que empezar la clase. Laura tenía que explicarles los usos particulares del condicional. Empezó diciendo que en español el condicional es el futuro del pasado, por ejemplo: “Ayer me dijo que vendría a verme esta mañana”. 
De repente se preguntó si lo que decía tenía sentido, si lo que hacía tenía sentido. Observó las melenas rubias y castañas, las gafas, las sudaderas azules y violeta, las miradas atentas o aburridas, los flequillos, los ojos azules y negros, los granos en las mejillas, las caras somnolientas… “Vosotros sois el futuro, pero ¿de qué mundo?”
No lograba imaginar el futuro del futuro.

10. 30 AÑOS DE FUTURO de Tatiana Guarnizo

Vengo de un país que en el imaginario colectivo global tiende generalmente a relacionarse con el pasado: con esos modos de resolver las cosas que, por su violencia, incluso yo misma llamaría incivilizados; convirtiendo a sus habitantes así, de tajo, en una especie de seres humanos prehistóricos aunque contemporáneos, o acaso en los herederos de ese eslabón perdido que por tantos años hemos buscado. No lo sé. En todo caso, un lugar tan hermoso cuanto extraño, y eso es lo único que hoy me atrevería afirmar, con ese mínimo de certeza que, luego de estos meses, nos ha quedado… 
Sin embargo, ahora que he tenido el tiempo para decantarlo, a lo mejor, en vez de estar atrapados en el pasado, estábamos ingenuamente parados en el futuro, aunque ni siquiera yo misma lo hubiese notado anteriormente. Un recuerdo rebuscado en estos días de encierro así me lo ha revelado: una voz de hombre, televisada y algo adolescente, con esos temblores de tono que asemejan a gallos recién aprendiendo su canto, que sin merecerlo había llegado a ser Presidente, hace ya casi 30 años nos había sentenciado: “¡Bienvenidos al Futuro!” había pronunciado en su discurso de posesión, aunque acaso justo por su voz, tan temblorosa como poco convincente, en vez de entenderlo, había preferido hasta ahora olvidarlo. Yo tenía doce años. ¡Qué pena pensar que tardé todo este tiempo para comprender que, distinto a lo que había imaginado, el futuro no se asemejaba a mis propios sueños enfermizamente optimistas; sino que más bien, lo que ha pasado, es que he estado viviendo prácticamente toda mi vida en este futuro que ahora sabe a presente eterno, atroz y tan absurdamente democrático! ¿Será que ahora, que finalmente lo he entendido, alguien podría, por favor, darme la bienvenida al pasado?

(*).. Micro ganador