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Como cada vez, algo rompe el silencio: alguien que tosa, un grito fuerte y aislado: «bravo», o un triste y moderno aplauso con gritos agudos obligados. 

El director frustrado baja las manos y voltea hacia el público para recibir una ovación, merecida e inculta. El canto de la soprano y las últimas notas del corno inglés nos habían levantado a una zona insólita y límite entre sueño y realidad con los nervios ópticos despiertos. Teníamos que vivir la música de nuestra alegría celeste. En silencio.

Pero Mahler está muerto, gustar el silencio está inalcanzable, aplaudimos porque es él. El populismo ha conquistado hasta la música. Sin sonorización el mundo es inconcebible…

Fin de la transmisión: ¡Publicidad!!!

Jean Claude Fonder