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La adversidad: una amiga que sana y transforma

Juan Carlos Ollarves, venezolano, ingeniero,  coach ontológico, especialista en Bioneuroemoción, director del Instituto de Resiliencia y autor del libro “El cáncer salvó mi vida” transitó  uno de los caminos más difíciles y espinosos que le ha tocado recorrer: el cáncer. Suele decirse que hay un antes y un después en todos aquéllos que han padecido la patología y han logrado superarla satisfactoriamente. Él no es la excepción al afirmar, “la adversidad fue una amiga que vino a ayudarme, para sanarme y transformarme”, pero ¿cómo fue ese camino de sanación?, ¿qué aprendizajes obtuvo?, ¿cómo pudo rediseñar su vida y poner los beneficios adquiridos a través de su enfermedad al servicio de los demás y de sí mismo?. A través de estas líneas pretendo mostrarles este recorrido vital lleno de coraje, valentía, sabiduría y resiliencia.

“Habían transcurrido exactamente doce días a partir de mi diagnóstico y yo estaba viviendo una verdadera montaña rusa emocional; se empezaron a mover todas mis creencias. Recuerdo claramente ese día como el más horroroso y al mismo tiempo el más maravilloso. No había analgésico que aliviara el dolor en mi columna y, sin embargo, yo sentía que mi sufrimiento emocional era aún mayor que el físico; el cáncer estaba ganándome la batalla. Ese día decidí rendirme. El dolor era insoportable, ver a mi familia sufrir también lo era. Y en ese momento tuve lo que yo llamo una experiencia espiritual inefable: posterior a la rendición, las fuertes molestias físicas empezaron a desaparecer y empecé a sentir una calma y una paz que no había experimentado en días. Cerré mis ojos y le pedí a Dios morir, no deseaba seguir viviendo así, escuché claramente una voz que me dijo: ‘Este no es tu momento, no ahora’, me dormí y cuando desperté algo dentro de mí había cambiado. Le había perdido el miedo a la muerte, ésta era una opción, pero no la única, mi lucha contra la muerte era el alimento del cáncer, mientras más luchaba, más poder le otorgaba. Tomé conciencia que no era mi momento de partir; este día doce era en realidad el primero de mi camino de sanación, pero solo lo comprendí y pude analizarlo conscientemente en perspectiva luego de mi remisión total”.

Juan Carlos relata que en febrero de 2014 habían comenzado las molestias en su espalda. A principios de agosto sintió un dolor muy fuerte que literalmente lo paralizó, esto lo llevó a una hospitalización de emergencia y tuvieron que trasladarlo a la ciudad de Caracas; había sufrido una fractura en su segunda vértebra lumbar; luego de varias pruebas finalmente, el 22 de agosto, recibió el duro diagnóstico; tenía un tipo de cáncer de médula ósea, denominado Mieloma Múltiple, en una fase o estadio II. Se había producido el crecimiento descontrolado de las células plasmáticas que se encuentran en dicha médula y son parte esencial del sistema inmunológico que protege al cuerpo de enfermedades e infecciones.

Describe el momento del diagnóstico como “un impacto emocional muy fuerte, devastador”.  Ese día inicia su lucha férrea contra la enfermedad y la muerte. Este recorrido desde el diagnostico hasta su remisión total y alta médica abarcó alrededor de dos años y medio: la primera fase con ciclos de quimioterapia y una operación para solventar el tema de la fractura de su vértebra en Venezuela; luego debido a la difícil situación del país en el tema de medicamentos decide trasladarse en el año 2015 a Estados Unidos donde le realizaron pruebas preliminares para recibir los dos trasplantes que estaban indicados y que en principio harían en el UAMS, University of Arkansas Medical Sciencies. Se requería la aprobación desde el Banco Central de Venezuela (por la situación del control cambiario vigente en Venezuela) para la conversión en dólares y aprobación para poder pagar con fondos propios el tratamiento. A la espera de dichos fondos, cuatro meses, su cuadro de salud empeoró, tuvo que recibir un nuevo ciclo de quimioterapia. El dinero requerido y aprobado para los dos trasplantes nunca llegó. Finalmente una fundación en  Houston a la que había solicitado apoyo anteriormente y que trabaja en equipo con el Hospital Clinic de Barcelona, España,  tomó su caso y se trasladaron hasta dicha  ciudad –donde reside actualmente– donde pudieron realizarle los dos trasplantes: abril y  agosto de 2016, respectivamente. En diciembre de este año el médico le ratificó que se encontraba en remisión total y en enero 2017 fue dado de alta médica de todo su proceso.

Pero ¿cómo fue el viaje emocional y qué aprendizajes fueron decantándose durante el proceso para llegar a la conclusión de que la adversidad es una amiga que llegó a sanarlo y transformarlo?.  Él describe que luego de ese evento del día doce algo sucedió. “Empecé a verlo todo diferentey todo empezó a cambiar. Me di el permiso para aprender de mi adversidad y fue una herramienta para mi transformación. Comprendí que debía dejar de luchar contra la muerte. El cambio que hubo ese día se debió a haber dejado de luchar contra mi experiencia. Acepté la enfermedad, acepté el cáncer”.

Sumergiéndose en la adversidad

Juan Carlos describe su proceso de sanación en retrospectiva. Relata que en marzo de 2017 tuvo un sueño y vio con claridad esta frase “El cáncer salvó mi vida”, es cuando decide que escribiría un libro y que éste sería el título. Es justamente en ese proceso de abordaje de la escritura de su primera obra, esculpida bajo dos aristas: la del paciente, que describe en primera persona y en secuencia cronológica todo el proceso vivido y cómo lo estaba viviendo, y otra desde la mirada del aprendiz, donde incorpora distinciones profesionales adquiridas en sus especializaciones de Coach Ontológico, y Bioneuroemoción. Así fue como hizo consciencia de su proceso y  cuáles fueron los aprendizajes claves que permitieron que el cáncer salvara su vida.

Afirmaque esa voz que escuchó con claridad el día doce “No es tu momento”  lo ha acompañado a lo largo de todo su camino de sanación. A pesar de la adversidad que estaba viviendo tenía la convicción de que se curaría de la enfermedad, luego vino la certeza de que no solo se trataba de curar su cuerpo, sino también sanar su mente y conectar con su alma.

En esta travesía lo primero que ocurrió es que comprendió a partir de dicha  experiencia que haber perdido el miedo a la muerte, lo condujo a dejar de luchar contra la adversidad–primer aprendizaje–.  “Esto fue la clave principal que me permitió acercarme a mi enfermedad, escuchar su mensaje y utilizar su guía para transformarme y dejarla ir de mi vida. Comprendí que no podía luchar contra ese gigante que era el cáncer, me abrí a aceptar mi vulnerabilidad. Tomé de la mano a la adversidad como si fuese una amiga que vino a ayudarme y transformarme”.

Comprendió claramente la diferencia entre dolor y sufrimiento, le quitó poder “a ese monstruo externo” y dejó de sentirse víctima y pudo  hacerse responsable de su adversidad–segundo aprendizaje–. “Cómo interpretamos la adversidad proviene de nuestra estructura personal, de nuestro mundo interpretativo; no  hay una verdad única. Esto me permitió sentirme poderoso y capaz de revertir mi cáncer. Por primera vez supe que podía salir de mi adversidad”, lo explica.

En este camino de empoderamiento de su adversidad, Juan Carlos inició un proceso de revisión personal de sus sombras, qué es lo que no quería ver conscientemente y  esta enfermedad le estaba tratando de decir, cómo se originó.  “El cáncer tomó mi mano y me brindó el aprendizaje más hermoso que he vivido. Me internó al mundo de mi oscuridad, fui identificando momentos que condené al olvido, reconocí la responsabilidad sobre mi sombra, aquello que no me gustaba, que no aceptaba, como el origen de todos los sufrimientos. Sin embargo, también reconocí que siempre había dado lo mejor de mí, con el nivel de conciencia vivido en cada momento. Me sentí inocente y eso significó quitarme un gran peso de encima”.

Lo anterior tiene que ver con la estrecha relación que existe entre las enfermedades y nuestras emociones, algo que científicamente ha sido comprobado y ampliamente difundido en numerosos estudios que así lo avalan.

Juan Carlos afirma  que no es sencillo entender que somos el origen de todo: “El cáncer es la respuesta biológica que el cuerpo genera para resolver una situación emocional que no estamos atendiendo .Si yo me hago responsable de mi adversidad, atiendo mi situación emocional, agradezco el beneficio que me trae la enfermedad y me doy el permiso de aprender de ella como una herramienta transformadora para mi sanación, entonces puedo salir de ella”.

Llegar a ese nivel de conciencia y lucidez requirió sumergirse en su adversidad, hacer un trabajo introspectivo para llegar la respuesta acerca de  cuál era la situación emocional y cómo hacerse cargo de ella. Este viaje a su interior lo inició en noviembre de 2014 de la mano del Programa de Apoyo Psicosocial de la Fundación Creando Salud, en Venezuela, que le permitió hacer la conexión entre eventos emocionales con su enfermedad a través de la metodología aplicada de la Psiconeuroinmunología (ciencia que estudia la comunicación entre el sistema nervioso central con los sistemas endocrinos e inmunológico y la influencia de los factores psicosociales sobre la respuesta inmunológica).

Una pregunta hecha en dicho programa y la búsqueda de respuesta lo condujeron a que cambiara de manera radical su forma de aproximarse al cáncer que padecía y su forma de ver el mundo. “Me preguntaron ¿qué  beneficio te otorga a ti la enfermedad?. Yo me sorprendí ante esa interrogante y pensé y ¿es que acaso habrá algún beneficio que la enfermedad tenga para mí?. Era un ejercicio del programa;  revisar y llegar a la respuesta, nada sencillo”.

Pudo identificar una serie de eventos, que él llama historias repetidas relacionadas a robos a negocios que emprendía.  Describe experiencias fuertes, que había vivido anteriormente y desencadenaron en él, tristeza, resignación, desvalorización. El primer robo le sucedió en el año 2001, tenía su primer negocio de emprendimiento luego de salir de la industria petrolera en Venezuela, donde ejercía su profesión como ingeniero. Luego,  en el año 2008, él y su familia fueron víctima de secuestro y robo en su propia casa; en febrero 2013 fue víctima nuevamente de la delincuencia, le arrebataron su vehículo y en el interior se encontraban equipos que había adquirido para un nuevo emprendimiento; meses más tarde, en agosto de 2013, nuevamente sufrió los embates del robo, esta vez de un camión con toda la mercancía de su negocio familiar que había adquirido para los siguientes meses.

“Estos eventos me devastaron emocionalmente y me generaron  una profunda ira, impotencia, estrés, tristeza. Me sentía una víctima, esta victimización me llevó a sentirme desvalorizado, ‘no puedo con esto’; entré en un estado de resignación, no tenía capacidad de tomar el control, me sentía sobrepasado y este cuadro emocional fue somatizando en mi cuerpo la enfermedad. Mi organismo empezó a generar una respuesta biológica: la sobreproducción de las células del sistema inmunológico que  protege el cuerpo. Este produjo defensas de manera descontrolada. Sentido común y sentido biológico”.

En paralelo a esto había una historia familiar detrás, uno de sus abuelos, emprendedor, como él, había sido también víctima de robos; también una situación con su madre no resuelta que desarrolla en profundidad en su libro. Pudo identificar las  creencias heredadas y/o sostenidas que lo estaban devastando emocionalmente. “Si nosotros hacemos lo mejor que sabemos con el nivel de conciencia que tenemos, y esto es una premisa básica, entonces  crear la adversidad o enfermedad lo estoy haciendo porque me está otorgando un beneficio. Entendí que yo me estaba dando un salvo conducto para dejar de ser responsable, un tiempo sabático, porque me sentía víctima, indefenso y desvalorizado”.

Este hecho, relata que lo llevó a preguntarse,  ¿cómo puedo obtener los mismos beneficios sin pagar un precio tan alto como la enfermedad? Tomó conciencia que sí quería esos beneficios, pero sin el cáncer, por supuesto. Consciente que podía elegir otra manera de tenerlos. “Comencé a ver el abanico de posibilidades y comencé a modificar cosas en mi vida para dejar ir la enfermedad y sanarme”.

Identificar y reconocer con claridad cómo se originó su enfermedad y lo que debía conscientemente mejorar lo llevó a ocuparse de curar el cuerpo, pero también sanar la mente –tercer aprendizaje–.  “Atendí  no solo mi cuerpo a través de  los tratamientos médicos, también mi mente a través de las herramientas que me brindaba la Psiconeuroinmunología,  llegar al origen de mi enfermedad y poner en práctica  la imaginación creativa, a través de visualizaciones,  donde me veía y experimentaba sano; y también a través de la Bioneuromoción. En pleno tratamiento de mi cáncer decidí hacer mi especialización en Bioneuroemoción on line,  empecé a atender la interrelación interna entre los niveles (psíquico, mental, emocional y físico) que me  permitieron tomar conciencia, y me impulsaron con un salto cuántico en mi manera de interpretar la vida, como también optimizar los resultados de los tratamientos médicos”.

Para Juan Carlos sanarse fue trabajar en paralelo cuerpo y mente conectándose con la verdadera identidad. Confiesa que antes del cáncer vivía su vida de reto en reto, era insaciable, no se detenía siquiera a disfrutar sus logros. Quería mejorarlo todo. “Aprendí a aceptar lo que la vida me estaba dando en el momento presente. Experimenté dejar de querer mejorarlo todo y empezar a amarlo todo”.

La vida es mucho más sabia que yo, así que decidí vivir un día a la vez–su cuarto aprendizaje– Vivir lo que el día me trajera (malestar físico por el tratamiento, miedo, alegría, tristeza).  Me di el permiso de abrirme y experimentarlo todo”. Esto le permitió tener un espacio interno de seguridad y paz, para sumergirse plenamente en su adversidad y darse el tiempo necesario para aprender de ella, sanarse y transformarse.

“Definitivamente enfermé porque me empeñé en vivir mi vida bajo mi punto de vista. Luchaba contra lo que la vida me traía, yo quería que fuese como yo quisiese. Era mi limitado punto de vista en contraposición con la sabiduría de la vida cuyo objetivo superior es que seamos abundantes y felices”. Esto lo condujo a aprender a soltar las expectativas y aceptar el presente–quinto aprendizaje–. Dejó de preguntarse entonces ¿por qué se enfermó? y cambió la pregunta ¿para qué enfermé?.

Una respuesta que no fue inmediata, se fue gestando. “Finalmente entendí que la respuesta a esa pregunta era yo. Empecé a valorarme mucho más, que yo era mucho más de lo que yo creía que era,  y fue maravilloso. Empecé a darme cuenta que yo le había dado poder al mundo externo y que me había desvalorizado frente a él. Pude perdonarme a mí mismo por haber encarcelado mi verdadera identidad. Enfermé para conectarme con mi verdadera identidad, para ver mis sombras y sanarlas”.

Un hombre nuevo

Quienes han experimentado el duro camino del cáncer o cualquier enfermedad crónica y logran superarla reconocen en este evento una segunda oportunidad, un renacer. ¿Cómo es este hombre nuevo luego de su remisión total y todo el trabajo emocional realizado?

Juan Carlos describe que pudo transformar su vida en un modelo más sano y próspero. “Comprendí finalmente  que yo era mucho más que lo que mi historia de vida decía que yo era. Nosotros escribimos y creamos nuestra historia de vida y luego le damos el poder para que defina quiénes somos nosotros. Así vivimos la vida. Pero  si nosotros fuimos la que le escribimos ¿cómo va a ser más que nosotros? y es ahí cuando desconectamos en verdad le damos más poder de lo que en realidad nosotros somos”.

Ahora su foco es vivir el presente, no luchar y querer cambiarlo todo. “Puedo afirmar que el cáncer me reseteó y nació un nuevo yo, ni mejor, ni peor, simplemente diferente, uno resiliente que siempre había estado allí y a quien el cáncer salvo la vida. Mi adversidad me llevó de la mano para saber quién soy en realidad y es ahí donde recobré mi  poder de transformar completamente mi vida,   dejar ir a la enfermedad. Superar es dejarla ir porque ya no la necesitas, ya aprendiste la lección que te traía, ya escuchaste su mensaje, y tu cuerpo deja de crear esa respuesta porque tú te hiciste responsable del proceso. Cuando sueltas las expectativas permites que la vida te tome de la mano”.

En este camino de sanación el papel de sus cuidadores fue fundamental y este fue precisamente el sexto aprendizaje: dejarse ayudar con humildad. “Es el acto de humildad más poderoso. Abrirse a recibir ayuda es ayudar a las personas que te están ayudando. Empezar a ver con nueva mirada la adversidad, es compartir el camino de sanación. Es de las más sencillas de aplicar, sin embargo, suele ser unas de las más difícil de aceptar, por el miedo profundo a perder nuestra identidad o aquello que creemos ser”.

Cuando le pregunté ¿Cuál es el mensaje más importante que le dejó el cáncer? no dudó un segundo en responder “valorarme” y respecto al qué papel tuvo la fe en su proceso, argumentó ser un hombre de Fe, creció abrazando la  religión católica y reconoce que antes de su enfermedad “buscaba a Dios fuera de él,  hoy no tengo que buscarlo, está dentro de mí. Tuve momentos duros, hasta me pelee con Dios, me reconcilié luego. Se puede experimentar a Dios en cualquier religión. La espiritualidad nada tiene que ver con la religiosidad y mi enfermedad me hizo reforzar mi ser espiritual”.

En este camino de reinvención luego de la enfermedad y como parte de la diáspora venezolana, este  hombre nuevo decidió ser multiplicador a otros de su experiencia, herramientas y conocimientos y reinventarse en un nuevo país, así creo el Instituto de Resiliencia donde desarrolla una gestión de coaching, consultoría, talleres y charlas. También creó el grupo en Facebook llamado Socios Resilientes, donde semanalmente tiene encuentros virtuales  con sus seguidores aportando contenidos y herramientas de valor en el camino del manejo de la adversidad, la resiliencia, el conflicto, y recientemente publicó su libro “El cáncer salvó  mi vida” donde da cuenta detallada de todo su proceso, decisiones y aprendizajes clave.

Un libro con herramientas claves para la vida, independientemente que una persona esté pasando o no un proceso de enfermedad. Quien escribe estas líneas tuvo la oportunidad de leerlo y fui de copiloto en ese viaje. A través de su libro pude conectarme con mis propias adversidades, y ver mis sombras y es transformador.

Ya para cerrar mi entrevista le pregunté: ¿Qué mensaje tienes para una persona recién diagnosticada de cáncer o que está atravesando el camino de la enfermedad?

“Una enfermedad no es una batalla que hay que ganar. Cómo interpretamos los eventos en nuestra vida, tiene que ver con lo que estamos escondiendo. Las emociones se somatizan en nuestro cuerpo o generan conductas; de esa manera nos enfermamos inconscientemente. Creamos enfermedades y adversidades. Somos autores del guion de nuestras realidades conflictivas.Dejarte llevar y tomar de la mano a la adversidad  como una amiga que viene a sanarte y transformarte es la clave de este proceso.El camino de sanación no  está escrito para nadie. Vas haciendo el camino con tu andar a través de las decisiones que se van tomando”.

Y finalmente cerró afirmando “Con el cáncer no se lucha, se le escucha” Una aseveración que funciona de espejo sobre la mirada y el lenguaje que el común denominador de los seres humanos ponemos ante cualquier enfermedad: lucha, batalla, guerra. Llegar a este nivel de lucidez y conciencia para hacer esta afirmación requirió transitar en primera persona el duro camino del dolor físico y emocional que trae consigo una patología como el cáncer; el coraje y la valentía de tomar de la mano la adversidad y revisar qué luces y sombras hay detrás de ella y sobreponerse a dicha adversidad con resiliencia y vivir un día a la vez ese hombre nuevo.


Narsa Silva

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Narsa A. Silva Villanueva (Caracas, Venezuela 1972)

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