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……..#BREVIARIO

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Vale Correa Fiz


“El poema es una barricada en nuestra sociedad, donde impera la lógica del beneficio”

“El poema ofrece una resistencia brutal”, le cuenta Jesús Montiel (Granada, 1984) a Valeria Correa Fiz en esta entrevista para el blog del Taller de escritura de Clara Obligado. Autor de ‘Memoria del pájaro’, con el que obtuvo el XXXI Premio de Poesía Hiperión, Montiel cree que “el capitalismo salvaje en que vivimos en Occidente ha convertido todo en un producto, hasta las relaciones personales. Ha conquistado estancias de la vida privada, la medida del tiempo, todo. Y es ahí donde el poema ofrece una resistencia brutal. El poema es una fábrica del tiempo, que desacelera ese otro tiempo frenético que el dinero ha espiritado”.

“Ya empiezo a echar de menos la aventura / de estar contigo en casa y con los niños”. Estos versos y muchos otros de ‘Memoria del pájaro’ (XXXI Premio de Poesía Hiperión) son un canto a los pequeños milagros, al pan de cada día, a la comunión del espíritu y la carne. ¿Crees que la poesía –como la filosofía– es capaz de predisponer nuestros ojos al asombro por el misterio de nuestra existencia?

La poesía, según mi experiencia, no predispone nuestros ojos al asombro. Es lo contrario: el asombro predispone a la experiencia poética. Bajo mi punto de vista, el motor del arte es el asombro, la extrañeza, una sensación de extranjería. Cuando se produce este extrañamiento, el corazón se colma de preguntas que necesitan comunicarse.

Comparto tu parecer en lo que concierne al escritor. Desde la perspectiva del lector, ¿crees que la poesía puede causar ese asombro del que te hablo y/o despertar conciencias? 

La poesía, desde luego, puede despertar la conciencia del que está leyendo. Y no sólo eso. Lo que leemos nos va construyendo. El poema es capaz de ablandar la rigidez interior, sacar de la costumbre, enderezar lo que ha doblado. El poema, lo digo desde mi experiencia lectora, tiene un potencial curativo asombroso. No es algo inofensivo. Hablo, claro está, del poema con mayúsculas.

En la Declaración de intenciones de ‘Memoria del pájaro’ dices: “Un hombre dedicado al descubrimiento no sirve para nada, hay que desterrarlo. Es una piedra en el zapato del Progreso”. ¿Cuál es el antagonismo entre la lengua poética y la dimensión tecnocrática y opulenta de la sociedad contemporánea?

El poema es una barricada en el mundo actual. En nuestra sociedad impera la lógica del beneficio. Todo se ha convertido en un producto, hasta las relaciones personales. El capitalismo salvaje en que vivimos en Occidente ha conquistado estancias de la vida privada, la medida del tiempo, todo. Es ahí donde el poema ofrece una resistencia brutal. En el poema se da una lógica contraria: la gratuidad. Yo escribo y mi testimonio es entregado a otro, quien lee mi poema y revive el instante apresado en el papel. El poema es una fábrica del tiempo, y esto desacelera ese otro tiempo frenético que el dinero ha esprintado. El poema supone una posibilidad de comunión con el otro, de caminar fuera de sí mismo, es una bomba en la ciudad tecnológica.

“Ayer eras un hombre cotidiano / Suponiendo la vida para siempre”. Estos son los versos iniciales de tu poemario ‘La puerta entornada’ (finalista del Premio Adonáis, 2013) que escribiste mientras uno de tus hijos estaba enfermo de leucemia. ¿Crees que el oficio de escribir alivia el dolor? ¿Qué otras emociones te impulsan a escribir?

El dolor no desaparece por mucho que se escriba. Ahora bien, cuando escribo sobre el dolor, sobre la herida, el sufrimiento se atenúa porque supone hablarlo, verbalizarlo. Es algo de psicología elemental. Escribir también me ayuda a la esperanza. Me ocurre algo curioso: cuando escribo, soy un hombre más esperanzado que cuando vivo fuera de las páginas. Quiero decir que, al leer lo que escribo, asisto a un misterio: veo a otro hombre distinto al cotidiano, más profundo. La escritura, para mí, es una forma de conquistar la realidad, un crisol o una red que filtra las impurezas y captura lo luminoso. Por otra parte, nunca he sabido contestar los motivos que me impulsan a escribir. Es algo que me excede. Llamémoslo misterio.

Tus poemas tienen unas bases líricas muy fuertes en épocas de triunfo del verso libre. ¿Qué crees que aporta la métrica a tu poesía?

Fui tutelado por Miguel d’Ors en la Facultad. Miguel es un poeta con mucho amor por la música, dedica mucho trabajo a la artesanía poética, y eso, aunque cada uno transite su propio camino poético, se nota mucho en mi poesía. No concibo un poema, al menos por ahora, sin un sentido del ritmo. Aspiro a una simbiosis perfecta entre lo que se dice y cómo se dice. Toda palabra requiere una música concreta. Al escribir intento discernir ese sonido y separarlo del resto. Creo que el verso libre es algo superior que debe emplearse cuando se agota la vía métrica. Hoy en día se abusa del verso libre y muchas veces se utiliza por moda o desconocimiento. Un poeta joven, creo, corre un riesgo muy serio escribiendo de entrada verso libre.

¿Qué libro te hizo querer ser poeta? Y si no fue un libro específico el que te impulsó hacia la escritura, recomiéndanos dos libros de poesía que sean para ti fundamentales.

No hay ningún libro en concreto. Escribir poesía, en mi caso, fue algo anterior a leer poesía. Mi primer poema ocurrió de repente, mientras nevaba. Yo nunca había leído poesía, y sin embargo escribí un poema. Mi caso es puramente vocacional. La poesía llegó y sigue a mi lado, es mi manera de ver la realidad, mi naturaleza. Si me preguntas por libros y autores, diré que cualquier libro que sea más que literatura, quiero decir que brote de la necesidad vital, que esté empapado de calor humano, que traspire sudor.

A la manera de Rilke y a pesar de que eres muy joven, ¿qué consejo le darías a un joven poeta?

Que escriba como el primer hombre que escribe sobre la Tierra. Y que lo haga todos los días aunque no tenga ganas. El poeta nace, pero también tiene que hacerse, y eso requiere disciplina. Todo el mundo escribe siendo adolescente, pero quien sigue haciéndolo pasados los 20 años escribirá siempre.

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