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Con mucha frecuencia subestimamos el poder de un mimo, una sonrisa, una palabra amable, un oído atento, un cumplido sincero, o el más pequeño acto de consideración, cosas todas que encierran en sí el potencial de cambiar una vida

Leo Buscaglia

 

¿Buenos días, eres María, la enseñante del curso de italiano?

Me preguntó con una amplia sonrisa una señora que se acercó a mí el primer día de clases. Delgada, cabello corto, gris, ojos azules y mirada genuina.

En el escaso italiano que recordaba de un curso de apenas dos meses que había hecho quince años atrás le respondí:

-No, soy estudiante del curso.

-Ah, te confundí con la enseñante, un placer me llamo Luisa Valsecchi, soy voluntaria en el curso de italiano y en el Dopo Scuola (tareas dirigidas) ¿De dónde vienes?

Estrechamos nuestras manos y le contesté:

-Un placer, soy Narsa, soy venezolana

María llegó e interrumpió nuestro diálogo…

Era mi primer día de clase de italiano en el curso que dicta el Comune de Valmadrera, localidad donde residí durante mis primeros meses en Italia.

La frase soy voluntaria quedó resonando en mi cabeza. De regreso a casa pensé: “podría ser más adelante voluntaria, ¿por qué no? Ayudo a otros y otros me ayudan a mí, es un dar-dar”.

Las semanas transcurrían y veía a Luisa una vez a la semana el día de clase, e intercambiábamos saludo. Ya habían pasado unos dos meses y un día que coincidimos al llegar a las clases me acerqué y le comenté:

– Sé que apenas estoy recién llegada, soy extranjera, no hablo el idioma, pero me gustaría saber si puedo participar en alguna actividad como voluntaria.

-Claro que sí, gracias por ofrecerte, déjame conversarlo con la maestra encargada del Dopo Scuola y te comento la próxima semana.

Así fue, a la semana siguiente ya estaba incorporada dos días a la semana como voluntaria, bajo la guía y el apoyo de Luisa, en las tareas dirigidas para hijos de italiano e inmigrantes de la escuela elemental o primaria.

Así comenzó hace un año y cinco meses este reto, aventura y aprendizaje. El voluntariado vino a mi mente como una posibilidad real de mantenerme ocupada, ayudar a otros al tiempo que me insertaba en la comunidad donde ahora vivía, conocer gente, relacionarme, reforzar mi italiano oral y qué mejor que los niños que son los mejores maestros.

Agradezco haber escuchado mi voz interior y darme este regalo de vida. He conocido voluntarias especiales y verdaderamente abnegadas; gente que dona parte de su tiempo, talentos, habilidades y conocimiento a otros; he conocido niños maravillosos y he tenido la maravillosa oportunidad de aprender de ellos

Me ha brindado la oportunidad de dar una palabra de confianza, un cumplido, una sonrisa, un mimo y sacar lo mejor de mí y procurar lo mejor de ellos en ese rato que compartimos.

Aparte de las tareas escolares realizamos otras actividades como visita a la biblioteca, lectura de cuentos infantiles en italiano y en la lengua materna de las madres de los niños integrantes del Dopo Scuola.

Me mudé del comune y sigo yendo a Valmadrera al voluntariado, y también me incorporé durante este verano para realizar algunas actividades voluntarias en la comunidad donde ahora resido colaborando en un taller de cocina para niños, igualmente de la escuela primaria que organiza anualmente el Oratorio (Casa Parroquial).

Ingresé solo con el deseo de colaborar, insertarme en la comunidad y mantenerme ocupada y te vas enamorando de lo que haces, generas vínculos y comprendes que ser Voluntario es una especie de apostolado, una forma de vida. Caes en cuenta que en realidad es mucho más lo que recibes que lo que das. Creo que quienes están iniciando o tienen mucha experiencia ya en el área de voluntariado entenderán de lo que hablo.

En lo personal, esta experiencia me ha permito insertarme, conocer y comprender mejor la realidad de las comunidades en las que participo y sus necesidades e identificar en qué áreas podría ser útil y ayudar.

El voluntariado está cada vez más difundido y organizado en distintos países y congrega a más personas de diferentes edades, raza y religión que se suman en un interés común, ayudar a otros, y aunque la experiencia de ser voluntario es algo muy personal, en general el realizarlo suma a nuestras vidas, mientras sumamos a la vida de otros, numerosos beneficios. El balance siempre es positivo.

En mi corta experiencia en Italia puedo afirmar que en este país el voluntariado es una actividad organizada y ampliamente extendida a distintos ámbitos: salud, educación, cultura, trabajo artesanal. Un abanico de posibilidades para quienes desean incorporarse aportando su grano de arena.

Sin duda, refuerza valores como la solidaridad, responsabilidad y compromiso social. A través del voluntariado ponemos en práctica la comprensión, la flexibilidad, la tolerancia, la asertividad, la justicia, el respeto y el agradecimiento. Brinda la oportunidad de aplicar conocimientos, destrezas y habilidades de formación profesional que tengamos y trasladarla a las actividades que realizamos siendo voluntarios.

Mejora la autoestima y la visión del mundo, creo que la hace más real, abierta y positiva. Salimos de nuestra zona de confort, de nuestra burbuja individual. Se valora a la vida y las personas de otra manera.

Todo tiene importancia, como afirma Leo Buscaglia, muchas veces subestimamos la influencia que una palabra, un gesto, tiene sobre los otros y lo que podemos sumarles y al mismo tiempo sumarnos.

-No quiero hacerlo, replicó

En voz suave le dije: ¿por qué no quieres hacerlo? En este tiempo debemos practicar las letras, contar los números.

-No soy capaz de hacerlo.

– Claro que sí, eres un niño muy inteligente y estoy convencida de que lo harás, si no lo intentas no sabes, debes probar y confiar en que puedes hacerlo.

Probó y lo logró. Jamás olvidaré como una sonrisa se dibujó en su rostro y los ojitos le brillaron. Le dije: “dame cinco”, y chocamos cariñosamente nuestras manos, le di un abrazo y le dije. Eres un niño muy inteligente.

Por razones obvias me reservo la identidad de este pequeño de ocho años, uno de los niños a los que asistí. Su satisfacción y la confianza que ganó ese día en sí mismo fue un regalo compartido. Todo tiene importancia.


Narsa Silva

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Narsa A. Silva Villanueva (Caracas, Venezuela 1972)

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