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img_1892Me han pedido que sea breve. Entonces voy al grano: he resistido a los zombis, a los niños, a los padres de los niños que a veces son peores que ellos, a los primos lejanos que vinieron de visita. He sobrevivido a la semana de Todos los Santos. Que en Italia no se llama Halloween. Eso es un producto de importación, que empezó a distribuirse en el Sur de Europa al final de los ’90. Por esta razón casi mitad de la población todavía no sabe de qué va. Muchas abuelas, entre las cuáles hay la mía, hasta lo llaman ‘Aulín’ como el medicamento de nimesulida que te tragas cuando tienes problemas de dolore. Lo malo es que el efecto no es lo mismo. Porque en Jalouín (lo escribo así para que no nos confundamos con el nimesulida) si algo te duele, te sangra, te tuerce pues mejor. Más real parece tu monstruosidad.
De hecho, yo pertenezco a la primera generación de italianos que festejaron disfrazados ese día. Mi primer Halloween fue así: tenía 15 años y salí con amigos del cole. Yo iba disfrazada de mí: como tengo piel superblanquiza y pelo obscuro partido a la mitad, llevo toda la vida conviviendo con apodos sacados del árbol genealógico de los Addams. Nos fuimos a un pub y tuvimos la oportunidad de hacer una experiencia espantosa: acariciar una serpiente. Fin de los festejos. Muy triste, lo sé. Como dije, acabábamos de importar la fiesta de los EEUU y los primeros intentos fueron un horror (no pun intended).
img_1894El Día de Todos los Santos, en cambio, siempre ha sido festividad nacional. Una fiesta verdadera: hasta cierran las escuelas. Este año, con puente. Es decir: vacaciones. Vacaciones, queridos lectores, las primeras después del verano. Por eso Venecia fue invadida por hordas internacionales de guiris, tanto que no se podía ni caminar. No sé si peores son los guiris de vacaciones durante un finde o los zombis. Lo cierto es que a mi me habrían entrado ganas de cantar «Que c’est triste Venise, au temps des amours mortes, que c’est triste Venise quand on ne s’aime plus», como hacía Aznavour.
Pero la verdad es que me perdí todos los festejos este año. Como dije, resistí a invasores, guiris, zombis y familiares. Pero fui derrotada por la gripe. Fiebre durante 5 días, mal de garganta, toz. No salí de casa, defendí mi posición bajo el edredón con astucia y valentía. Ya que en Italia, ni zombis, ni hombres, ni hordas vikingas: todas las almas, mortales y no, cuando oyen la palabra gripe desvanecen. Ni que fuera algo horroroso.

Alessia Scurati