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Las primeras relaciones entre el Milanesado y el Archipiélago Canario se remontan a los siglos XV  y XVI, cuando, cerradas las derrotas del Mar Negro por la conquista otomana, el intercambio entre España e Italia se hace más estrecho: naves genovesas, toscanas, napolitanas y hasta venecianas cruzan con siempre mayor frecuencia Gibraltar en busca de nuevas rutas comerciales, llevando a bordo no sólo marineros, sino también mercaderes, artesanos y artistas de toda región italiana. La reunificación española y la reconquista de Granada empujan este proceso. Los milaneses viajan sobre todo en barcos lígures y españoles, ;  entre ellos unos llegarán hasta Canarias e Indias, dejandónos constancia de como un mundo ajeno irrumpe con fuerza en la historia europea, antes de desaparecer tras la conquista y el mestizaje.

En las notas de los tres personajes que aquí siguen se reflejan unos puntos de vista del momento histórico y del medio en que ellos vivieron.

Pietro Martire d’ Anghiera  (Pedro Mártir de Anglería /1457-1526), nacido en Arona, a orillas del Lago Mayor, entonces provincia del “Milanesado“.

Humanista, colaboró en Roma con Pomponio Leto, luego se trasladó a España al séquito del embajador López de Mendoza Tendilla en 1488. Después de actuar como cronista en la guerra  de Granada, fue nombrado capellán de la reina Isabel, quien le envió como embajador de España en Egipto para una misión de paz con el Soldán. Nombrado  miembro del Consejo de Indias de Granada, recogió en su obra ,escrita de 1511 a 1526 en latín “De Orbe Novo- Décadas(= ocho capítulos)”  los datos que llegaban de la relaciones del descubrimiento del Nuevo Mundo, elaborándolos de manera orgánica gracias  también a su conociencias científicas y a las relaciones directas que el autor mantuvo con los principales exploradores de su tiempo, entre otros Colón, Vespucci y Caboto .

De Canarias refiere varias veces en  su obra.  En cuanto al nombre Canarias, en la primera Década explica que eso se debe a las costumbres del los indígenas de ir desnudos y no tener una verdadera religión. En su tercera Década  añade que “… los antiguos habitantes de las Islas Afortunadas veneraban la cumbre de una alta roca de Gran Canaria; muchos de ellos, cantando jubilosas loas, se tiraban desde el alto de aquel peñasco, porque sus falsos sacerdotes les convencían de que las almas de quienes se echaban abajo por amor de la Divinidad Tirana eran destinados a felicidad eterna. “

Siempre en el mismo párrafo relata sobre la presencia de unos descendientes de los colonos llegados al Archipiélago con la primera expedición de Bethencourt ” … quienes siguen utilizando lengua y costumbres francesas ” – Y todo eso ocurre, puntualiza Pietro Martire, pese a que “…todavía viven allí mezclados a los españoles…”

Después de enterarnos sobre muchas de las expediciones  a las Islas , Pietro Martire confirma que ” El Archipiélago Canario es sin duda la escala más ventajosa para los navegadores…”

Las Décadas,pronto traducidas en las príncipales lenguas européas, quedan entre los mejores testimonios de los descubrimientos y de la conquista del Occidente atlántico y de las Américas, una obra que nos lleva entre los antiguos mitos y la realidad de mundos entonces aún desconocidos.

El milanés Girolamo Benzoni (Milán, 1519¿1584?),  en su crónica La Historia del Mondo Nuovo, nos habla de los acontecimientos ocurridos durante su estancia de catorce años (1541 -1555) en la América colonial española, pasando por Canarias, y de la vuelta a Madeira y ,luego, a España e Italia.

Benzoni describe la transformación del Archipiélago canario y de su medio ambiente  inducida por los europeos, enterándonos también sobre algunos aspectos de la flora y de la historia de las islas. En particular el cronista italiano refiere que “…Por primero la mayor de estas islas, a la que los Españoles llaman Grancanaria es casi redonda…la ciudad está construida cerca del litoral, en un pequeño llano hacia Levante; en mi tiempo contaba con unos cuatrocientos hogares. Allí tienen su residencia los Gobernadores, así temporales como espirituales. No hay puerto ninguno, pero a dos millas de la ciudad, rumbo a Tramuntana, cerca de un pequeño monte, amarran las naves.” 

Sin embargo, Benzoni se extraña por la falta de obras a defensa de la ciudad y del puerto y además se extraña que sólo haya “…una pequeña Torre donde habían cuatro piezas de artillería marcadas por el orín…”  Y todo eso pese a las amenazas de los corsarios franceses.

Con respecto a la penetración de recursos ajenos  en el medio ambiente canario, escribe : “En esta isla hay grandísima cantidad de azúcar, allí trafagan muchos mercaderes y especialmente Genoveses. Todas las plantas llevadas de España, excepto los olivos, ya prendieron. La Palma es abundantísima, sobre todo de vino, que se produce en tal cantidad que no sólo basta para las islas cercanas, sino que hasta se  envían  barcos cargados a Indias, Flandes e Inglaterra. Queso, ovejas y cabras hay en copia y conejos sin número. Tenerife es también abundante en provisiones de boca. Estas tres islas son las principales, las demás son pequeñas, pobres y de poco recurso.”

También  interesante resulta su descripción de un árbol típico de la Isla del Hierro : debe de tratarse del llamado Garoé o Arbor Santo, el Laurus maderensis o quizá la Persea teneriffae, ambos de la familia de los lauráceos: ” un árbol(…) el cual siempre gotea agua por las hojas, y con tal abundancia que no sólo basta para los habitantes, sino que podría proveer a más gente; este árbol es de medio tamaño, tiene su hoja  casi parecida a la del nogal, pero un poco más grande; está rodeado por un murete como una fuente, allí  cae y se recoge el agua.”  Benzoni relata, quizá con demasiada sencillez, que los Indígenas intentaron en balde esconder este precioso recurso a los ojos de los conquistadores en busca de agua.

De los Guanches el Italiano refiere que “… eran idólatras y se vestían con pieles de cabras…” de las cuales el Archipiélago abundaba, y que vivían en cuevas bajo la tierra; las cabras, de mayor tamaño de que las europeas, se utilizavan también para arar o roturar la tierra.

Su trigo era el mijo, el cual, molido entre dos piedras, trasformaban en su pan, llamado gofio; preparaban vino de palmera así como acostumbran los Etíopes. “

Pero el cronista milanés admite que “Esos Canarios ya son casi extintos, y yo sólo vi a uno en la Isla de La Palma, quien podría tener unos ochenta años, y por ser sucesor de los Principales de la Isla, los Reyes de España le otorgaban un sostén anuo para vivir. Platicando yo algunas veces con él para comprender su manera de vivir y sus costumbres, nunca pude encontrarlo sobrio del vino…” Más allá en su crónica, añade que los Guanches :” Tienen un color como de gitanos …”

Benzoni se despide de Canarias, enterándonos que :” El aire de estas Islas es más caliente que frío ; a pesar que en Tenerife haya una montaña llamada el Pico de Teide, la cual casi todo el año queda cubierta de nieve. Es el primer signo que los mercaderes ven , navegando hacia esas Islas.”

Después del catastrófico ataque del corsario francés Jambe de Bois (Pata de Palo), que en 1553 aniquiló la entera ciudad  de Santa Cruz de La Palma, se llevaron a cabo nuevas y más amplias fortificaciones. A esas obras, a partir de 1559 trabajó el ingeniero italiano Leonardo Torriani, autor también de un importantísimo ensayo  sobre la naturaleza isleña y la población de los Guanches “Descrittione e istoria del regno delle isole Canarie già dette le Fortunate con il parere delle loro fortificazioni”, ensayo que todavía se considera una piedra miliar entre los estudios antropológicos sobre el Archipiélago. Muy interesantes en particular resultan sus noticias sobre los antiguos poblados de Tara y Cendro, en la isla de Gran Canaria, hoy desaparecidos. Torriani refiere que esos pueblos se hallaban a dos millas de la costa sur-este de la isla, sobre altiplanos separados por barrancos.

En sus relaciones citadas,  los tres milaneses nos devuelven pinceladas vivas de paisajes, de gentes, de ambiente, de historia : la imagen de un Archipiélago Canario que, sujeto a las inmensas aguas y a las nuevas rutas  atlánticas,  va asumiendo con fuerza el papel de extremo confín de Europa.


Nando Pozzoni