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#MILÁNESANDO

Jardín Botánico de Milán-Brera

El Jardín Botánico milanés, que tanta influencia tuvo en el destino de Raimondi, es uno de los espacios menos conocidos de la ciudad; se encuentra en el conjunto del Palacio del Brera y se remonta a la época de la dominación austriaca (1774); reúne una gran cantidad de especies vegetales, organizadas según su origen y biodiversidad, con ejemplares procedentes de Europa, Asia, América,África y Oceanía. Merece la pena disfrutar de las visitas guiadas que, además del Jardín Botánico, recorren parte de la Pinacoteca con sus obras cumbres y el cercano Observatorio – Museo astronómico .

Antonio Raimondi, un patriota milanés que se convirtió en científico peruano
Antonio Raimondi italiano

Antonio Raimondi (Milán, 19 de septiembre 1824 – San Pedro de Lloc, Perú, 27 de Octubre de 1890), fue un insigne botánico y geógrafo italiano.

Apasionado desde sus mocedades de ciencias naturales, tuvo ocasión de presenciar la tala de un enorme cactus peruano en el Jardín Botánico milanés. Ello y su curiosidad hacia la historia de los indígenas americanos sellarían para siempre su destino.

En 1848 participó en la rebelión anti-austríaca de las “Cinco Jornadas de Milán” para la independencia y la unificación de Italia. Perseguido por la policía austríaca, escapó a las Américas, alcanzando el puerto de El Callao (Perú) en julio de 1850, donde conoció al famoso médico peruano Cayetano Heredia, quien lo incluyó en el Colegio de la Independencia, que más tarde se convirtió en la Facultad de Medicina de San Fernando. Impresionado por la gran capacidad del joven italiano, el médico le confió encargos de responsabilidad en la investigación científica.

Raimondi organizó una serie de expediciones, durante las cuales recogió y catalogó muchos elementos naturales hallados en su camino. Logró recolectar plantas, animales, insectos, muestras de minerales, realizando incluso mediciones barométricas, observaciones meteorológicas, elaborando planes topográficos de las regiones exploradas. Finalmente describió los usos y costumbres de las diferentes provincias, también inspeccionando antiguos monumentos históricos e yacimientos arqueológicos.

A él se deben la investigación sobre los yacimientos de carbón de la costa de Piura, el guano de las Islas Chinchas , el salitre de Tarapacá y las venas auríferas de los Andes de Carabaya.

Igualmente importantes fueron los mapas que logró realizar en muchas áreas periféricas y en algunas ciudades de las provincias peruanas. En su nombre se titulan algunos sitios de los Andes y de zonas arqueológicas . Sus expediciones (¡Pero no sus estudios!) terminaron en 1869; a los pocos meses se casó con una joven peruana, Adela Loli, con quien tuvo tres hijos: Elvira, María y Enrique.

Como asesor científico del Estado peruano logró planear el mejor trazado para la construcción de una red ferroviaria y redactar la cartografía de yacimientos mineros y arqueológicos. Sus descubrimientos y estudios fueron aprobados también por los países confinantes o vecinos, como Bolivia y Argentina, incluso para definir las áreas de frontera y las disputas territoriales.

La fama de sus estudios y la validez de sus descubrimientos conquistaron el mundo científico de entonces. Algunos de los más grandes científicos, arqueólogos y exploradores de la época utilizaron sus obras para muchas búsquedas e investigaciones; sus méritos como erudito y científico le ganaron premios de las más importantes asociaciones científicas del mundo. La Real Sociedad Geográfica de Londres, la Sociedad Italiana de Antropología, Etnología y Psicología Comparada y la Sociedad Geográfica de París lo nombraron miembro honorario de sus instituciones. En Perú la Universidad Nacional Mayor de San Marcos le otorgó el grado de Doctor en Ciencias Naturales y el nombramiento como profesor honorario de la Facultad de Medicina.

Murió el 26 de octubre de 1890 en San Pedro de Lloc, tras una larga enfermedad, en casa de un amigo italiano, Alessandro Arrigoni, asistido principalmente por su hija Elvira.

Fue enterrado en el cementerio Presbítero Maestro de Lima, en el mausoleo construido en su honor. Incluso hoy en día en el Perú, algunas Facultades e Instituciones universitarias están dedicadas a su nombre.

En la huella de Antonio Raimondi queda un mensaje más que positivo: su empeño en averiguar los recursos sostenibles para el bienestar y el progreso civil de la humanidad es un legado que aguarda al mundo científico y cultural de hoy. Y un motivo más, en la ocasión de EXPO 2015, para redescubrir y divulgar la obra de este valiente hijo de una ciudad generosa,que siempre ha sido capaz de convertir su heterogéneo patrimonio de creatividad en nuevos avances económicos y sociales.


Nando Pozzoni