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#MILÁNESANDO

Fuerte de Santa Catalina, Santa Cruz de la Palma

A partir del siglo XV el Archipiélago Canario se había vuelto una posesión española y, al mismo tiempo, importante base de aprovisionamiento y punto de escala para los buques en ruta hacia Africa Occidental y, sucesivamente, hacia el Nuevo Mundo. Por eso piratas y corsarios, sobre todo franceses, británicos y berberiscos azotaban frecuentemente con sus flotillas las costas de Canarias y las rutas atlánticas próximas al Archipiélago.

Después del catastrófico ataque del corsario francés Jambe de Bois (Pata de Palo) , que en 1553 aniquiló la entera ciudad de Santa Cruz, en la isla canaria de La Palma, en todo el Archipiélago se llevaron a cabo nuevas y más amplias fortificaciones. A esas obras , a partir de 1584 trabajó el ingeniero italiano Leonardo Torriani, nacido en 1559 en Cremona, entonces territorio del Milanesado. El joven cremonés recorrió durante una entera década todo el Archipiélago por encargo del rey Felipe II, elaborando proyectos y enviando relaciones a la Corte española. Su larga estancia en las islas le facilitó unas investigaciones sobre la geografía, el medio ambiente y los pueblos indígenas, que Torriani resumió en un importantísimo ensayo sobre la naturaleza isleña y los antiguos abitantes del Archipiélago, los Guanches : “Descrittione e istoria del regno delle isole Canarie già dette le Fortunate con il parere delle loro fortificazioni”. Este escrito , descubierto en 1940 por el prof. Dominik Woelfel, investigador austriaco, nos devuelve unos preciosos testimonios del mundo aborigen canario, ya a punto de desaparecer tras la pujanza de la colonización española y el inevitable mestizaje.

Torriani supo describir y revelar aspectos interesantes tanto de la naturaleza física, como de la cultura, el idioma, la religión y las costumbres de las antiguas poblaciones prehispánicas. Su ensayo todavía se considera una piedra miliar entre los estudios antropológicos sobre Canarias. Entre otras referencias de su escrito, destacan la traducción al italiano de un antiguo canto guanche y la descripción de los barcos indígenas, construidos con los troncos del árbol drago y con velas de hojas de palmera. Torriani refiere que esas poblaciones vivían de recolección, escasa pesca, agricoltura, y ganadería, principalmente dedicada a las cabras ; se criaban también ovejas y jabalíes. En cambio, ganado vacuno y caballos eran desconocidos.

Muy interesantes, además, resultan sus noticias sobre los antiguos poblados de Tara y Cendro, en la isla de Gran Canaria, hoy desaparecidos.

Al volver a España, el joven italiano fue nombrado ingeniero mayor y destinado a Portugal, donde quedó durante treinta años, elaborando numerosos proyectos de fortificaciones (Viana do Castelo, Lisboa, Setubal) y trabajando también como geógrafo y cartógrafo militar, hasta su muerte (Coimbra, 1629).

Como Leonardo da Vinci, aunque no comparable a él, este Leonardo cremonés fue un digno heredero del Renacimiento, que en el Milanesado tuvo un foco clave del progreso científico europeo.

 


Nando Pozzoni