El último abrazo

Madrid, 8 de mayo de 1998. ¿Qué hago yo aquí? me pregunté ahí sentada en la cama balanceándome -adelante-atrás-atrás-adelante-adelante-atrás-, con la vista fija en el suelo y las lágrimas que resbalaban por mis mejillas y mi cuello. Habían transcurrido unos minutos, no sé cuántos, porque perdí la noción del tiempo,del lugar, luego de recibir la más triste llamada. Me sentía aturdida, desesperada; en ese momento era incapaz de coordinar pensamiento y acción alguna. Sólo en mi mente estaba aquél último abrazo que nos dimos ocho meses atrás.

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