El sustituto

Observa por un momento la puerta pesada y masiva que parece desafiarla. Entonces, precipitadamente, hurga en su bolsa, saca el sobre que había preparado, lo desliza en un bolsillo del abrigo largo hasta los tobillos y luego baja un pasamontañas negro que la deja irreconocible pero también casi ciega. Entonces llama a la puerta. Esta se abre:

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