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Cuando la narrativa descubre la cara épica y escondida del Continente

Un medio ambiente exuberante y variado en sus impresionantes extensiones de cordilleras, selvas, matorrales, desiertos, ríos y lagos inmensos aun envuelve y condiciona la presencia humana en el mundo iberoamericano de Centro y Sur. Aquí, pese a devastaciones y amenazas, la naturaleza aun cuenta con una biodiversidad que se alterna entre las zonas más ricas del planeta hasta los suelos y lugares más inhóspitos y menos favorecidos por el clima. Así ocurre en el Sertão brasileño, territorio marcado por particulares características humanas, geográficas y climáticas, cuyas vidas e historias muy a menudo han quedado al margen de la atención política y económica oficial.

Con el nombre de Sertão se define una vasta región brasileña de altiplanos colindantes con el  Río São Francisco, uno de los más caudalosos y largos (2.914 km.) del Continente Americano, y sus afluentes, área en buena parte caracterizada por terrenos arenosos y porosos, poco aptos a la retención de agua, que dan lugar a unos paisajes de rados montes verdes, matorrales o áridas estepas (caatinga)Sin embargo el agua, abundante en el fondo arcilloso de hoces y valles, localmente llamados Veredas, que atraviesan las anchas mesetas, forma verdaderos oasis, ricos en vegetación de ribera y cultivos.

João Guimarães Rosa  (Cordisburgo, estado de Minas Gerais, 1908 – Rio de Janeiro, 1967)

Con su novela “Grande Sertão: Veredas“, hizo conocer al mundo la cara de este Brasil desconocido, antaño atormentado por un bandolerismo feroz (Cangaço), muy a menudo al servicio de los terratenientes locales , los “coroneles”, verdaderos dueños de territorios inmensos, que  de la ilegalidad hacían y aun hacen su fuerza dominante, en un mundo muy alejado de la imagen clásica del folklore “carioca” con su contorno de carnavales, samba,  playas y alegría.

Guimarães Rosa, hombre de extraordinaria cultura, ya en su niñez se sintió atraído por los idiomas extranjeros, habiendo empezado a estudiar a los siete años el francés, actitud que le llevará, en su vida, a conocer nueve idiomas. Con tan sólo 16 años empezó a frecuentar la Facultad de Medicina en la Universidad de Minas Gerais. Después de casarse con la joven Lígia Cabral Penna, en 1930 concluyó sus estudios universitarios, empezando la actividad de médico en la ciudad de Itaguara y luego en la comarca de Itaúna, Minas Gerais, donde trabajó durante dos años, entrando en contacto con el mundo del Sertão. De vuelta a Itaguara, actuó como médico voluntario en la Força Pública durante la revolución constitucionalista del año 1932. Mientras tanto empieza a escribir antologías de cuentos: con “Magma” (1936) gana su primer premio literario, sin  embargo no llega a publicar el texto;  mayor éxito tendrá su obra “Sagarana”,  dedicada a la vida de los mineros del sertão, escrita a  partir de 1937 y publicada en 1946. En el año 1938 ingresa en la carrera consular y diplomática, desempeñando el difícil cargo de cónsul adjunto en Hamburgo, Alemania; debido a la Guerra Mundial y a la ruptura diplomática entre Brasil y el Tercer Reich, en 1942, estuvo detenido durante unos meses; después de regresar en el mismo año a  Brasil, será nombrado Secretario de la Embajada Brasileña en Bogotá, Colombia, donde quedará hasta 1944. De 1946 a 1951 reside en París, nuevamente como primer Secretario de Embajada; aquí  participará como representante de Brasil en la Conferencia Mundial de Paz (1948) y, sucesivamente (1949), en la Conferencia General de UNESCO. Volvió a Brasil en 1951, habiendo sido nombrado Jefe de Gabinete en el Ministerio de Asuntos  Exteriores; en 1953 será promovido a ministro. Es del mismo periodo su largo viaje por el estado fronterizo de Mato Grosso; al recuerdo de esta experiencia dedicará su nuevo texto: “Com o Vaqueiro Mariano”.

A los pocos años, en 1956 aparece su obra maestra, “Grande Sertão: Veredas”, inicialmente incluida en una serie de cuentos y novelas, “Corpo de Baile”, que el autor acababa de publicar. En 1963, Guimarães Rosa fue admitido en la Academia Brasileira de Letras, pero sólo pudo ocupar el cargo en 1967, tres días antes de su muerte, debido a un repentino infarto, en Río de Janeiro.

Con Grande Sertão: Veredas, Guimarães Rosa, ya desde las primeras páginas envuelve al lector en un crescendo de imágenes y emociones que le acompañan Sertão adentro, a través de un mundo y de una época que han dejado profundas huellas en el devenir de BrasilEgo-narrante del texto y principal protagonista es un ex estudiante, Riobaldo que se convertirá en jagunço, apodo este que define a los bandoleros en los estados brasileños de Bahía y Minas Gerais. Riobaldo le cuenta su vida a un interlocutor cuya identidad no aparece en la narración, y empieza interrogándose sobre la existencia del diablo, encarnación del mal universal. Ya desde un casual encuentro en su adolescencia, un extraño destino une al protagonista  a otro compañero, Reinaldo, en una profunda y rara amistad. Decepcionado por su padrino Selorico Mendes, quien descubre ser su padre, Riobaldo le abandona y es reclutado como docente por el coronel Ze’ Bebelo, que guarda ambiciones políticas y  le arrastrará en un conflicto contra un grupo de rivales. Sin embargo, el joven se aleja pronto de la tropa de Ze’ Bebelo, yerrando durante un rato por el sertão y se une luego a otra pandilla de jagunços, donde vuelve a coincidir con su amigo Reinaldo, quien le revela su verdadero nombre, Diadorim. Juntos recorrerán los tristes caminos de la guerrilla bandolera, marcados por una violencia sin salida, aferrándose desesperadamente a la maravillosa naturaleza sertaneja y sus extraordinarios recursossiempre soñando un difícil rescate. Riobaldo, que se da cuenta de sentir una inexplicable atracción física por su amigo, le propone que vayan a vivir juntos, lejos de allí. Aunque a su vez atraído, Diadorim rechaza la propuesta, habiendo jurado vengar el reciente asesinato de su padre, el jefe jagunço  Joca Ramiro. A regañadientes, Riobaldo seguirá a su amigo y otros compañeros  en una desesperada búsqueda tras el rastro de los dos asesinos y traidores , el “coronel” Ricardão y el cabecilla Hermógenes, hombre que parece endiablado.  Mientras tanto Riobaldo será a su vez nombrado jefe de su grupo, con los apodos de Tataranay luego Urutú(=víbora) Blanco. Continuará, con Diadorim y otros jagunços a su lado, la caza al esquivo Hermógenes, en un recorrido sembrado de muerte y extraños encuentros, siempre arriesgando la vida, hasta que una noche llegará a invocar al diablo para encontrarse con él (en balde) y pedir su ayuda contra el enemigo. La búsqueda acabará con una batalla entre pandillas rivales y un duelo mortal entre Hermógenes y Diadorim, en el que ambos fallecerán. Sólo entonces, delante al cadáver desnudo y listo para el funeral, Riobaldo descubrirá que Diadorim era en realidad una mujer disfrazada de hombre, Maria Deadorina, así termina esta historia de amor truncado. Dejando la vida de jagunço y acercándose a la religión, Riobaldo se casará con la joven Otacilia, hija de un fazendeiro, hermosa y educada según los hábitos de su presunto rango. Al final de la historia, delante de su interlocutor, Riobaldo terminará admitiendo el vacío de su vida pasada, a la que solamente los momentos de amor dieron sentido. Y que el mal universal, personificado por el diablo, no es en realidad sino obra de los seres humanos.

Con un uso enfático del lenguaje, rico en imágenes y expresiones sertanejas, la narración se aproxima a la órbita de Céline, pero también a Cervantes en su andar cabalgando por las lejanías, en la idealización de ciertas figuras femeninas que marcan la vida de Riobaldo, tales como Rosualda, el primer amor; Nhorinhá, prostituta sentimental y generosa, amor perdido sin vuelta atrás: “recibió mis caricias sobre su piel de seda, alegría que fue como en casorio, bodas” y en la estilización de Otacilia, que Diadorim-Deadorina, celosa de Riobaldo, supone:  “en el cuarto, rezando de rodillas…ya lista por la noche en su fina camisa de tela de España…”

También ecos de la novela “Don Segundo Sombra”, del escritor argentino Ricardo Güiraldes (1886-1927), parecen conectar las figuras de Fabio Cáceres, personaje de la  mencionada obra, a la de Selorico Mendes, ambos padrinos que resultarán en realidad ser padres de los protagonistas.

Guimarães Rosa describe un macrocosmo en el que también la naturaleza del sertão actúa como protagonista, con la fuerza de sus elementos y seres vivientes, que juegan  un papel en la trama, a menudo aplazando, cambiando o simplemente acompañando el destino de los personajes : “El río cae de allá arriba, rico de espuma, rugiendo, cada salto se vuelve en cascadas …” y más allá en el texto : “Pero, poco después llegamos al río São Francisco … de repente, esa terrible extensión de agua: inmensidad. El mayor miedo es cuando vas en canoa por un pequeño afluente, y se desemboca, sin que nadie lo espere, en el cuerpo de un gran río.”

Sorprende el extraordinario conocimiento que el autor demuestra de la flora y fauna locales, así como del léxico sertanejo, convirtiéndolo todo en  aportes de vital importancia a la narración: “Durante horas y horas estuvimos andando por los bosques, observando el final del sol en las hojas de tantas palmeras macaúbas … cortando el palmito, y tomando la miel de la  abeja de pocas flores, que hace la cera color rosa. Había una serie de pájaros felices descansando en los arenales  y en los islotes.”

La riqueza léxica de la obra nos confirma la importancia del intercambio  lingüístico y cultural entre los mundos luso-sertanejo e hispano, evidente sobre todo en lo que concierne el medio ambiente y la presencia mestiza o afroamericana: así es el caso de unos vocablos de igual significado, frecuentes aquende y allende las fronteras entre Brasil y Países hispanos: a menudo se refieren a fauna, aves como el urutaú (nyctibius grandis), pájaro de hábitos nocturnos, parecido al chotacabras europeo, pero de mayor tamaño, y que, debido a su abundancia en la zona, dio nombre a la población argentina de Urutaú, en la provincia de Santiago del Estero, o también mamíferos como el lobo aguará, que es en realidad un tipo de coyote; pero sobre todo se trata de plantas, cuyos frutos se utilizan para alimentación, medicamentos y licores, como, entre otras, el cajú (anacardo en castellano clásico), el mencionado palmito ( pequeña palmera) , el pequí, muy apreciado por sus semillas y la calidad de la madera.

Entre las curiosidades destacan los nombres con los que la fantasía popular  quiso traducir el melodioso canto de tres notas de un pajarito multicolor muy común en poblaciones y campiñas latinoamericanas: el pitangus sulphuratus, apodado bem te vipor los brasileños y bien te veoen Argentina y Uruguay. Igualmente un juego de naipes muy extendido se llama truquepara los brasileños y trucopara los hispanos, mientras fábulas y leyendas nos cuentan que el Caboclo de Agua, duende burlón con semblante de mestizo, habitante las aguas de los ríos sertanejos, tiene algún homónimo en las grandes lagunas fronterizas entre Brasil y Uruguay.

Finalmente Vereda, palabra que en el español del Cono Sur significa andén, acera, en Venezuela calley en castellano peninsular, así como en  portugués-brasileño, senda, cañada; por extensión del concepto las poblaciones sertanejas llaman Veredas los valles por donde pasan los más importantes caminos.

En homenaje a Guimarães Rosa y para proteger, según su  voluntad, el precioso conjunto del medio ambiente y la herencia cultural  de estas comarcas, se realizó en el año 1989 el Parque Nacional Grande Sertão, Veredas, que ha sido posteriormente declarado Patrimonio UNESCO y abarca el ancho territorio del ayuntamiento de Formoso, Minas Gerais.

Sin embargo hoy, también en Brasil, signos de intolerancia y totalitarismo llegan del gobierno al poder, amenazando las libertades de prensa y los derechos humanos, la conservación del medio ambiente, acosando las poblaciones nativas, que se ven desposeídas de sus tierras por el poder y el influjo de intereses especulativos.

Tan peligrosa deriva política, en la segunda Nación más poblada de las Américas, se ha vuelto una obscura pesadilla que nuevamente perjudica las relaciones internacionales y el mismo futuro de la sociedad civil brasileña. A  pesar de todo eso, dentro y fuera del país siguen las manifestaciones espontáneas en defensa de la legalidad democrática, mientras a nivel internacional crecen los pronunciamientos contra  los turbios manejos de la  política gubernamental brasileña. Porque,  como  escribía Guimarães Rosa en su obra maestra,  por voz  de Riobaldo:

“Pero la libertad, apuesto, todavía es sólo la alegría de un pequeño camino a través del hierro de las grandes prisiones.”


Nando Pozzoni