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Tema: CELDA


1. “ENCELDADO EN EL CAPULLO” de Olmo Guillermo Liévano

“Estoy dentro de la hamaca.
La hamaca, en el desierto.
El desierto dentro de mi pecho”.

Caminé horas bajo el ardiente sol en busca de la libertad, pues dicen que es el mejor sitio para hallarla. Encuentro unos chamizos verdes con espinas que surgen escasos sobre la arena. Alimento proteínico de chivas, cabras y ovejas. Saco de mi mochila la hamaca, amarro sus extremos a los más altos y descalzo entro en ella, mi crisálida… Arriba, millones de estrellas. Asombrado las observo… Sueño que estoy en el desierto dentro de la hamaca, ella en el aire y yo adentro rumiando mi libertad.         
Me encuentro con el caminante, un anciano alto de barba larga y túnica luminosa blanca al suelo. Nos saludamos. Lo sigo. Le digo que vengo de la gran ciudad, que ya desahuciado  busco la libertad, que no la encuentro. Que si  sabe algo de esto… 
“—¿Cómo comenzó todo …? —me preguntó en el pensamiento.
—A la edad de cuatro años me enamoré perdidamente de una niña de ojos muy claros y rizos dorados. Pasó el tiempo… ella nunca lo supo. Un día, desapareció. Desde entonces la busco y desesperado me convertí en un ladrón de mujeres. Un perverso. Tenía que hacerlo todos los días. Como un Frankenstein, de todas quería hacer una sola. Presentí entonces que algún día de tener tantas, me hartaría de ellas. Exploré  fórmulas… escogí veintiuna de todas hasta llegar a una y como una serpiente que eternamente se muerde la cola, vuelvo a empezar… busco a la niña de rizos dorados… no la encuentro.”
Él no me dijo nada. Tan solo me entregó sus sandalias de cuero…
Al despertar y liberarme de la hamaca para volver a tierra, me vi en el aire sin darme cuenta. Alcé vuelo.
Desde ese instante soy una mariposa con alas fluorescentes de azules verdosos acerados.

2. CELDA de Gloria Rolfo

La palabra celda significa habitación muy chica de un convento o de una cárcel. A mí me recuerda a un libro que leí hace muchos años que se llamaba “Preso Sin Nombre, Celda Sin Numero” escrito por Jacobo Timerman y que cuenta cuando él fue apresado durante la dictadura por ser contrario al gobierno. La historia di Timerman terminó mejor que otras porque porque Israel (él era judío) pidió que lo dejaran libre y que pudiera ir a vivir a Israel. Timerman pudo volver a Argentina y testimoniar contra el gobierno militar. Hoy su hijo es o era cónsul general en los Estados Unidos. Yo pienso que hay muchas celdas sin número en el mundo en las que personas, sin culpa si no la de querer la democracia y la libertad, sufren en el mundo sin que se sepa nada.

3. LA CELDA DORADA de Iris Menegoz

La vida sentimental de Pilar fue un continuo verdadero fracaso. Quizás por sus equivocadas elecciones, condicionadas por su propensión masoquista, que siempre la inducía a juntarse con hombres inadecuados.
Después de su último fracaso, que la hizo llorar a mares,  Pilar, a sus casi cuarenta años, tomó una decisión. Compró una pequeña celda dorada y dentro puso su corazón. Cerró la puertita con la llave y dijo:
“¡Ahora nadie te hará daño. Aquí estás seguro. Yo te cuidaré!”.
Pasaron los años. Años sosegados, calmos, apagados, sin emociones, quizás aburridos, pero sin duelo.
Una noche, en una mesa cerca de la barra de la bodega donde Pilar trabajaba, oyó la voz penetrante de un marinero que hablaba de barcos en la tormenta, de sirenas con melenas verdes y enormes peces negros con dientes como cuchillos. El hombre tenía el pelo largo y blanco y los ojos verde oscuro como  un mar profundo.
Pilar se encantó. Buscó la pequeña llave y abrió la puertita de la celda dorada y con voz emocionada dijo: “¡despierta corazón, demos una última vuelta en el tiovivo, despiértate por favor!”
El corazón no respondía.
Pilar lo cogió en su mano. Demasiado tarde. El pequeño corazón se había muerto.
Muerto de aburrimiento. 

4. EL GRITO de Jean Claude Fonder

La celda es muy oscura. Una mancha clara sobre el suelo revela la presencia de lo que llaman ventana. Dos barrotes la atraviesan, le recuerdan que está encarcelado, el olor infernal también. Hay un wc en el rincón al pie de la cama, una tabla fijada en la pared y un colchón muy delgado, una pequeña mesa y una banqueta completan el mobiliario. 
Está escribiendo hasta que la luz se lo permita.

¿Por qué está acá? ¿Qué está escribiendo?

El mundo de afuera no es el suyo, ya no es el suyo, gobiernan loa fascistas y los cretinos. Todo está retrocediendo, la cultura, el humanismo, la civilización,… 
El populismo y el machismo dictan la ley.
Mejor escribir, escribir sobre el mundo, su mundo, el que le gusta, del que quiere acordarse, el que quiere recrear, el mundo al que quiere decir:
—Soy libre, —grita en voz alta. 
En este momento, oye el ruido horroroso que hace la cerradura de la puerta.

5. AUTÓMATA de Higinio Rodríguez

232, 231, 230… 210. Tener la cuenta de los días es un hábito asqueroso. 209, 208, 207… 193. Parecen todos iguales. El frío, la lluvia, el Sol, constituyen lo más trascendental. 192, 191, 190… 157. Hoy he escuchado que unos científicos han inventado una máquina que… Bueno, no tengo claro si son científicos, el caso es que la máquina es capaz de sentir. ¿Para qué sirve una máquina que puede sentir? 156, 155, 154… 130. Ayer vi a S. no está muy bien. Parece que no deja de darle vueltas a sus recuerdos, me ha dicho que no sabe cómo lo hago yo. 129, 128, 127… 96. Si sentir sirviera para algo, es decir, no cosas físicas, sino cosas como que otra persona está mal, está triste… Bueno ¿Para qué sirve estar triste? Hoy está lloviendo. 95, 94, 93… 68. Estuve unos días enfermo, entre el frío y la comida… Entré en pánico y no podía dejar de chillar. Ahora me encuentro mejor, hablé con S., él gritaba también, pero muy bajo. Cuando mejoré el cielo seguía nublado y gris. 67, 66, 65… 47. Hace un Sol embriagador, noto como me toca la cara y me quedo con los ojos cerrados y el cuello estirado. Huele a metal caliente. 46, 45, 44… 23. La máquina, cuando esté feliz, quiero decir… ¿puede parecer feliz, pero estar triste? ¿O parecerá siempre… bueno… somos capaces de saber si otro está triste? 22, 21, 20… S. se ha colgado. 12, 11, 10. Imagino cómo será ser esa máquina. Que cada día te dejen sola en una habitación oscura y fría y tú sepas que te han dejado allí y que eso no está bien, que ellos no te quieren. ¿Se sentirá sola? 9, 8, 7… 1. ¿Sabría una máquina lo que siento? ¿Sabría cómo sentirse? Yo… siento. Siento que no quiero que llegue mañana. ¿Siento? 0…

1101000, 11100111, 11100110… 11010010.

6. CELDA DE CASTIGO de Luigi Chiesa

En mi celda entra poca luz, sólo rayos en casillas, y cuando llueve es mejor, me pongo alegre y estoy muy bien para llevar dos años en aislamiento.
Afuera era quizás peor, encarcelado en una vida que no era la mía, en un cuerpo ajeno, actuando el rol que querían los demás, estaba cansado de simular.
Estaba jugando en la cárcel del hospital psiquiátrico, pero ahora la vida para mí es una partida de ajedrez que nunca se acaba.
¿Cuándo sales tú? Me preguntó el preso recién llegado.
—Voy a salir cuando me muera. Me han arreglado con unos cuantos meses en la oscuridad, y condenado de por vida sin posibilidad de libertad condicional —.
—También mi compañero de antes en el calabozo, era un delincuente habitual que murió cumpliendo cadena perpetua en la penitenciaría —.
—Si me dieran la posibilidad de tirarme al vacío lo haría, pero no puedo a través de una ventana que tiene barrotes oxidados —.
—Te dan el tiempo para pensar detrás de las barras y las pegan con sus macanas, para decir “luces fuera”. La “cana” de castigo te enfriará un poco —.
—Es una jaula en la que los caneros esperan el descuido de la puerta abierta para volarse de cualquier manera. De aquí no se sale vivos. Hemos tomado el camino equivocado, el callejón de la muerte, la espera sentada está allí. No tenemos ninguna esperanza de ser liberados —.

7. CELDA de Raffaella Bolletti

Su habitación se había vuelto una celda en la que, encerrada voluntariamente para aislarse del mundo, se quedaba todo el día en la cama. Allí en esa celda se escondían la esperanza, la aceptación, la negación, allí se escondía el tiempo, el olvido imposible. Pensó en los presos, en las celdas de una cárcel; pensó en las abejas, en las celdas de la colmena, libres de salir, entrar, y salir de nuevo. Comprendió la inutilidad de seguir encerrada e incomunicada. Ahora lo tenía claro: retomaría el hilo que la conectaba con el exterior, con ese conjunto de celdas por cruzar. Cada una diferente, cada una contándole su propia historia, en un viaje en el que una celda se abre donde la otra se cierra. Celdas conectadas en paralelo, adyacentes, a veces sin puertas, para así coincidir y relacionarse con los demás. Hasta llegar, sin prisa, a las celdas oscuras de las que no hay salida.

8. EMPEÑO de Graziella Boffini

“¡Qué no salgas con los Meyers, son judíos!”
“Yo no me mezclo con esa gentuza, ¿lo ves que son comunistas?”
“Sabes, no frecuento a mis vecinos, son unos descreídos, nunca los he encontrado en la iglesia”
“Federica la hija de Marisa no es normal, tiene síndrome de Down ”
“¡No quiero que salgas con Felipe, es negro…!”
“¡Te prohíbo que frecuentes a Inma, Lola y sus amigas que se portan de manera rara!”
El tal/la tal es homosexual, feminista, vegano, anárquico, lesbiana, jorobado, artista……
Algunas veces es sorprendente ver la dedicación, el compromiso y el empeño que algunos ponen en construir celdas alrededor de sí mismos.

9. FUERA DE LA CELDA de Silvia Zanetto (*)

Sígueme, si tu mirada es agua clara y tu alma hierve como magma ardiente.
Sígueme.
El cielo está oscuro, el camino incierto, pero ya no tengo miedo. Solo queda un ligero rastro de los temores que me encadenaban antes.
Todavía unos pasos más y lo dejaré todo a mis espaldas, fuera de esta celda.
Créeme, no ha sido fácil abrir una brecha: cada piedra fue puesta con atención, las paredes edificadas después de cálculos precisos, cada bloque gris construido pacientemente durante horas y días y meses y años…
Las paredes de mi celda eran de granito firme: estaban hechas de mezquindad, de convenciones, de falsa respetabilidad, de prejuicios.
El suelo de mi celda estaba lleno de polvo sofocante: eran los deberes diarios sin sentido, era el gris de la resignación.
Mis manos ahora están heridas, sangrantes, las uñas están rotas.
Pero por fin estoy libre.
He dejado ir todo lo que no necesitaba: mis convicciones, mis costumbres, la cáscara de cinismo que me hacían sentir segura.
Ahora soy más frágil, pero un nuevo resplandor se asoma al horizonte, se desliza sobre mi piel y cubre mi cuerpo de luz. No voy a necesitar nada más.
Mi camino es cada vez más seguro.
La luz se hace más intensa y una brillantez rosada aleja la oscuridad.
Te voy a confiar un secreto: no hay reposo, ni calma, fuera de mi celda. Esa luz lejana es espuma del mar, lleno de pasión y desafío, es magma que hierve, en el que perpetuamente me fundiré, renovada por el amor que me guía.

Seré agua.
O seré fuego.
Y nunca más seré ceniza.  

(*).. Micro ganador