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SALVADOR DALÍ (1904-1989) – La persistencia de la memoria (1931)


Tema: MEMORIA


1. ALCATRAZ de Iris Menegoz (*).. Micro ganador

13 diciembre, Santa Lucía, el día más corto del año. (En italiano suena mejor porque genera una rima).
Cada año, el Círculo de jubilados del banco donde trabajé durante 37 años, organiza una “fiesta” para todos los inscritos. La “fiesta” se hace en el Alcatraz, una discoteca famosa de Milán donde todavía tocan grupos  musicales conocidos y se hacen conciertos de rock.
La “fiesta” empieza a las tres de la tarde. A las dos y media una cola de jubilados, indiferentes al hielo, esperan frente al ingreso. Todos unidos por el miedo secreto de no lograr poner sus abrigos en el guardarropa del lugar (las estadísticas hablan de ochocientas, mil personas. Edad media: 78 años).
Entrando, el lugar aparece en toda su peculiaridad. Enorme, con luces tenues, música de los años setenta y una muchedumbre de jubilados al asalto del bufet. A las tres y media todos están bebiendo y comiendo en pequeños grupos.
Generalmente yo llego a esta hora. Un poco tímida y circunspecta me adelanto entre la muchedumbre de colegas aparentemente desconocidos.
Alguien me sonríe esperando la reciproca identificación. El momento más trágico es cuando un colega me abraza llamándome por mi nombre. Dice que me ve muy bien y que estoy tan guapa como antes. Yo repito lo mismo. Nos besamos. Cuando se va me pregunto: ¿Quién era?
El tiempo se ha ido sin dejar huellas y la memoria no es capaz de detectar el presente en el pasado.

2. LOS DÍAS DE LA MEMORIA de Graziella Boffini

Acordarse de algo puede ser importante para no repetir siempre los mismos errores. Por ejemplo, el Día de la memoria sirve para recordarnos del horror del holocausto.  Murieron millones de personas asesinadas por ser hebreos, gais, comunistas o simplemente antipáticos al régimen.
Por ello es importante recordar los hechos del pasado para evitar repetir los errores, las guerras, las injusticias, para preparar un futuro mejor y construir un mundo digno en el que todos puedan vivir libres.
El Día de la memoria se celebra el 27 de enero cada año al nivel internacional, pero yo deseo que festejemos la memoria cada día. No olvidemos. Pensemos y recordemos. Por Anna Frank, Niccolò Tartaglia, Galileo, Giordano Bruno y millones de desconocidos asesinados, sacrificados, descuartizados o torturados  por ser diferentes o tener ideas innovadoras.

3. MEMORIA de Gloria Rolfo

Mi memoria es selectiva. Me acuerdo sin ningún problema de las cosas importantes que me pasaron, sean las que son hermosas y que non quiero ni puedo olvidar y las cosas tristes que sería mejor  si las pudiera olvidar. Pero no me acuerdo si no las escribo de las visitas médicas o de otras visitas u otras cosas que tengo que hacer. Es por eso que desde hace algunos años uso una agenda para anotarme las cosas que tengo que hacer. Escribo también un diario porque hay días normales en los que no pasa nada, pero me gusta recordar lo que me pasó por ejemplo hace una semana. Mi memoria cambió conmigo, hace tiempo no me olvidaba nada ni del trabajo y la escuela, ni ninguna otra cosa. Ahora me olvido de lo que no me parece importante y por eso prefiero escribirlas

4. MEMORIA de Leda Negri

Memoria: puede ser el recuerdo de una poesía, de un libro que te haya gustado, un perfume también te hace volver a la mente un momento feliz o triste, o bien un  persona que has amado, te sientes como envuelto en sensaciones que has sentido y que te gustaría volver a sentir.
Memoria del pasado, de las personas que han sido importantes en tu vida.
Memoria de los momentos mágicos: el primer beso, el nacimiento de tu hijos, sus pinitos, el cachorro que sale de un  caja con una cinta rosa.
De vez en cuando estos acontecimientos se cuentan a los demás, pero solo tú con tu memoria sabes cuánto han sido importantes.

5. MEMORIA  de Raffaella Bolletti

El domingo por la mañana suelo dar una vuelta a la manzana y, a veces, ensimismada en mis pensamientos, me doy cuenta de que no aguanto el peso de mi memoria; pero sin embargo la necesito, esta colección de recuerdos, personales o colectivos que sirve para recordarme quién soy y de dónde procedo, para mantener vivo el papel de mi vida y quizás me ayude a actuar teniendo en cuenta lo que ocurrió en el pasado. Tal vez la memoria sea como una tormenta de energía a punto de estallar, una enorme nube que al llenarse deja caer gotas de lluvia como si fueran recuerdos en un sirimiri de gotas pequeñas que me permite contemplar el pasado sonriendo; o tal vez derramando recuerdos ruidosos, enfriados que se han convertido en granizos, los de la memoria colectiva o personal de hechos muy graves, los que me hicieron daño al caer, e incluso los que en mi memoria han pasado al estado gaseoso y se han vuelto niebla, los que preferiría olvidar. ¡Qué suerte! empieza a llover y, vaya, he olvidado el paraguas.

6. AQUELLA NOCHE  de Jean Claude Fonder

—¿Maria?
—Sí Juan, dime. —responde ella volviéndose hacia él en la cama.
—Recuerdo tan bien, cuando entré en el bar aquella noche, había muchedumbre, pero te vi inmediatamente. Estabas sentada sola en una de las mesas y me mirabas con tus grandes ojos azules que brillaban en la penumbra. Eras la más bella. Tus piernas largas y ahusadas que cruzabas con tanta elegancia estaban apenas cubiertas por un pequeño vestido anaranjado, tu pelo estaba cortado a la Jean Seberg, como a mí me gusta. Todo tu ser me estaba llamando. Te saqué a bailar. Charles Aznavour cantaba La Bohemia. 
Maria se inclinó hacia él, sus ojos brillaban de nuevo y le susurró:
—Juan, tenía el pelo medio largo y las mini faldas todavía no existían.
Pero Juan se había dormido con una sonrisa en los labios.

7. QUE NO SE ME OLVIDE…  de Silvia Zanetto

Vuelvo a casa con cuatro bolsas de la compra y los quehaceres se asoman desde las habitaciones para darme la bienvenida. 
Dos bolsas en la mesa de la cocina. Tengo que acordarme de llamar al fontanero.
Otras dos bolsas. Que no se me olvide pasar por la librería, ya ha llegado el libro que había encargado.
Guardo las fresas y las judías verdes en la nevera. Antes de la una debo acordarme de confirmar la cita de mañana  con mis estudiantes. 
La carne y el pescado en el congelador. Esta mañana casi se me olvida pasar por la tintorería,  pero al final me he acordado de todo…
Ya es la hora de preparar la comida. Enciendo un fogón: sartén, aceite, cebolla para preparar un sofrito. Llevo al cuarto de baño los detergentes que acabo de comprar. ¡Vaya! Se me había olvidado poner los trapos en la lavadora: lo hago ahora. Y esta mancha en el lavabo, ¿qué es? Tengo que limpiarla, mejor hacerlo enseguida.
El lavabo sigue perdiendo agua, tenía que llamar al fontanero… Pues, lo hago ahora.
Mientras estoy componiendo el número, un intenso olor a cebolla quemada me llama a gritos desde la cocina… Ay, ¡mi memoria!

8. LA MEMORIA EN EL CAJÓN  de Luigi Chiesa

Cuando el cajón de la memoria se abrió, salieron un montón de recuerdos; parecían divididos, organizados como si fueran imágenes que volvían a aflorar una tras otra. Estaban un poco ofuscadas, unas eran translúcidas, otras como un pelo mate, suelto como el río que corre hacia el valle. Los recuerdos se podían distinguir, reconocer y ser llamados por su propio nombre; el de la niñez el más áspero, el de la adolescencia más cariñoso, el de la edad adulta hosco y cabrón, y el de la vejez huía poniendo los pies en  polvorosa y gritando – ¡ya no regreso! -. Los más aislados como el arrogante, el cobarde, el tacaño estaban un poco escondidos, mientras tanto el atrevido decía al baboso – ¡no seas pendejo! –
La memoria, la gran madre de todos, una señora mayor muy gorda miraba la escena con un culo enorme que tenía apoyado sobre la mesa. Estaba sucia, descuidada, desharrapada, pero era perspicaz y, mirando, te guiñaba; juzgaba también vengando las ofensas y de vez en cuando, daba un premio. El peor castigo era hablar con la indiferencia que rodeándote te dejaba quemaduras que hacía con un hierro candente, un tatuaje perenne en la frente.
A quien expresaba un sueño, pontificaba: – Incluso el más grande amor se convertirá en un recuerdo olvidado en lo más hondo del cajón memoria -.

9. MÚSICA MAESTRO  de Angela Rubbio

Se apagó la luz, silencio, luz, y de repente todo el mundo empezó a dar palmas.
Un amigo suyo al que no le gusta la música, eh si, hay personas a las que no les gusta, le regaló su invitación para el concierto del lunes a La Scala. Se sorprendió al ver lo bueno que era el  asiento. Segunda fila a la derecha. Trabajaba mucho y pensó en el concierto como un relajante natural.
No comprendía bien aquel continuo dar palmas aunque era un concierto muy importante. Una rara  incomprensible angustia: no había música, no veía lo que pasaba.  Veía  la cara del director, un hombre muy viejo. Y le latía fuerte el corazón. ¡Noooo! No se lo podía  creer. Era su querido amigo, suyos eran los ojos brillantes del director, suyas las manos, alas de mariposa, era él quien dirigía la orquesta. El amigo muerto hace años, su querido amigo que vivía para la música  y era la música.
Cerró los ojos y pensó en él, imaginándose escuchar el concierto juntos.
Salió por ultimo.  
Regresó a su casa. Sin poder dormir, se levantó, tomó un vaso, ron con hielo, solo consigo mismo,  brindó por él.

10. MEMORIA de Elettra Moscatelli

Uno de mis recuerdos más felices es el perfume del romero, el olor que la ramita deja sobre las manos, el aroma que transmite al pollo, junto con el ajo. Desde aquella primera vez, un domingo en la cocina de la tía María, el pollo al horno con las patatas se ha vuelto el símbolo de la simplicidad. La comida nos enseña a disfrutar de lo pequeño, de los sabores que la naturaleza en su generosidad nos ofrece, durante todo el año, cada mes con sus peculiaridades.
Un día los recuerdos llegan a ser caros: demanda y oferta ya no se equilibran y no podemos elegir cuales recuerdos podemos perder y cuales tener con nosotros; el señor Alzheimer se queda con nuestro pasado y nos volvemos otros. Pero aquel perfume tan vivo siempre nos regalará una sonrisa, no sabremos por qué, pero nos ayudará a sobrevivir.

(*).. Micro ganador