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La Liseuse de Jean-Honoré Fragonard 1772


Tema: LIBROS


1. EL LIBRO de Jean Claude Fonder

Esta mañana voy con retraso, subo rápidamente al tranvía. Me siento cerca de la puerta, saco el móvil del bolsillo y abro el libro.
«Siente en su espalda el calor dulce de su cuerpo y el soplo de su respiración ligera. La oye dormir acurrucada contra él, su mano cubre su regazo y percibe ínfimas contracciones que recorren lo alto de sus muslos y el bajo de su vientre. Se abstiene de hacer el menor movimiento por miedo a romper este instante mágico»
Miro por la ventana, el tranvía se desplaza rápidamente esta mañana, hay poco tráfico.
«Se acuerda de ayer cuando Akiko, se arrodilló lentamente frente a su espejo y se examinó minuciosamente. Podía ver su moño majestuoso de geisha y la elegancia sensual de su cuello ligeramente descubierto por su rico quimono. …»
El tranvía ha llegado, apago la pantalla y corro a trabajar.

2. LIBROS de Gloria Rolfo

Los libros fueron y son todavía mis mejores amigos, son fieles, no traicionan y, cuando tenemos necesidad ellos, los encontramos siempre. Empecé a leer a los 7 años, y tuve la suerte de que mi mamá, que amaba los libros, me enseñó a amarlos. Empecé leyendo los libros infantiles de Luisa May Alcott, la autora de “Mujercitas”. Alejandro Dumas me gustó también mucho. “Los tres mosqueteros” que es el primero que leí de ese autor y los de Salgari. Creciendo cambié gustos y leí otros autores, como los rusos, que me gustan todos, como me gustan los franceses Marcel Proust, Emil Zola, Victor Hugo, Sartre, y también italianos entre los que destaco Moravia y Pasolini, así como muchos escritores americanos y españoles. En realidad, los libros que he leído me gustan todos, porque hace muchos años que, si un libro no me gusta o no me interesa, no lo termino y, si lo termino, quiere decir que me gusta y me interesa, y de todos aprendí algo y pasé momentos lindos que hacen parte de mis mejores recuerdos.

3. NOCTURNO de Iris Menegoz (*)

“Saber que tienes algo bueno para leer antes de dormir es unas de las sensaciones más agradables de la vida”
!Estoy de acuerdo Señor Nabokov!
Un cuarto silencioso, una luz sobre la mesita de noche, dos almohadas detrás la espalda, una manta suave color dulce de leche y un buen libro.
¿Qué más se puede pedir?
Arturo. Arturo a mi lado. Arturo, mi gato.
A él no le gustan mucho mis libros. Lee dos o tres líneas y se queda dormido entre mi hombro izquierdo y mi cuello. La música de su ronroneo se armoniza bien con las palabras de mi libro.
¡Una melodía perfecta!

4. LIBROS de Raffaella Bolletti (**)

A pesar de los reproches de mi madre, mi padre siempre compró libros. Desde pequeña me acostumbré a leer, desapareciendo en una realidad para sumergirme en otra, viajando con los personajes. Como en las personas, lo primero que vemos es la apariencia física, así la cubierta de los libros puede ser muy atractiva y cautivarte, pero hay que tener cuidado, la apariencia te puede engañar. Lo importante es lo que se esconde entre las páginas y que sólo el lector más atento puede descubrir. Los libros parecen quedarse silenciosos en las estanterías, pero si escuchas bien puedes notar el murmullo de las paginas clamando que vuelvas a leerlas; así que cuida de los recién comprados como si fueran recién nacidos, haz que perciban el contacto con tu piel, que aprendan a conocerte; habla con los que están allí desde tiempo como hablarías con tus amigos; cuida de los más viejos que acompañaron tu vida de estudiante y que son como abuelos que con su sabiduría han marcado tu personalidad. Llévate los libros a la cama, descúbrelos poco a poco, husméalos, acarícialos, estropea sus páginas como haría un amante apasionado, deja tu huella subrayando el texto, vive con ellos. Y por fin no te olvides de los muertos, los que no te gustaron y que están en la librería esperando que alguien les quite el polvo.

5. LIBROS ARRUGADOS  de Luigi Chiesa (*)

De repente, de la antigua estantería llena de libros apergaminados, se cayó, rozándome la cabeza, uno de tomo y lomo que me llamó la atención. Era bastante fechado, pasado de moda, muy viejo diría y no obstante estaba tan lleno de polvo que me provocaba estornudos hasta atragantarme, lo tomé y con la mano quité la ceniza de la chimenea que estaba sobre la portada, para leer el título: “Voluptuosidad”. Los demás libros, sus compañeros que lo rodeaban, se llamaban La vida de Jesús, La máscara de barro, Una experiencia contigo, La primera y la última vez, Esperamos que llueva mucho.
Pero él era diferente; a pesar de que tenía un tamaño grande y abultado, llevaba puesto algo fascinante, como una mujer seductora con un escote atrevido. Muy parecido a una persona propensa a probar y buscar placeres sexuales, con facciones que expresan y revelan deleite. Su aspecto era el de un hombre de porte juvenil, a veces ni mujer ni siquiera varón,  con una carita de niño intrigante que desaparecía con un chasquido de dedos. La cubierta de color rojo, un poco mugrienta con páginas que se hojeaban de prisa como si fueran pastillas de jabón que resbalan entre las manos.
Desencuadernado desde hacía mucho tiempo, lleno de chichones negros apestaba a moho, como un pelagatos apestado, pero por dentro se entreveía una piel color de rosa.
Empecé a leer: “La jovencita estaba sentada en la barra de la cafetería deslizando la lengua entre los labios demasiado pintados mientras liaba un pitillo…”.

6. LIBROS  de Giulia Muttoni

Si en mi casa veis libros lindos, cuidados como si los amara muchísimo, pues bien, os equivocáis: son libros que quizás ni leí. Pueden ser libros en italiano que mis amigos siguen regalándome aun sabiendo que ya sólo leo en otros idiomas. O pueden ser unos libros españoles que tuve que leer para el club de lectura del Cervantes, cuentos que hojeé con la boca torcida porque no me gustaban y que, si por mí fuera, habría tirado a la basura después de leer la página 17.
Los libros que amo los he tragado muchas veces. Los devoro a bocanadas largas en el parque, en el balcón, caminando por la calle o sentada en el bar. Son mis mejores amigos en el jacuzzi que salpica espuma y los moja todos, aumentando el espesor del tomo. Son libros vividos, llenos de manchas porque también los leo comiendo, de subrayados que señalan las palabras que no comprendo, de garabatos que las traducen, de marcas que destacan los modismos y signos de exclamación que indican frases que no quiero olvidar.
Son libros que, después de esta primera lectura febril, apresurada, voraz, me acompañan al sueño. Porque a mi edad ya no necesito hombres en mi cama, pero sí libros.

(*).. Micro ganador premio Tapañol
(**) Micro ganador premio Biblioteca