La hoguera perpetua

olo alguien que no tiene ni siquiera el consuelo de la esperanza se revuelve y destruye el primer objeto que se encuentra, ya sea mobiliario urbano, motocicleta del vecino, escaparate del pequeño comercio o incluso la vida del agente policial. Cabe preguntarse si haría lo mismo si se tratase de su hogar familiar, por modesto que fuese, o de la cueva insalubre que comparte con colegas tan desclasados como él en la que atesoran sus sueños de anarquía y libertad.

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La sombra de Caín

Caino uccide Abele, di Tiziano Vecellio

Cuando, tras una trivial disputa familiar, Caín se dejó matar por Abel, fingió estar muerto.
La desmesura de su odio por aquella afrenta le llevó a devolver el golpe. Pero esta vez con eficacia cinematográfica.

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La venganza del cielo

Un cielo coronado de incertidumbre ha dejado caer sobre esta ciudad indómita y despreocupada una nieve tenaz y persistente (pertinaz, dirían los nostálgicos) que ha hecho desaparecer, o desfigurar hasta extremos desconocidos, la propia fisonomía urbana ante la atónita mirada de sus habitantes. La ciudad, tal como la conocían ha desaparecido literalmente ante sus ojos.

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Caldereta extremeña

Esto no es una receta de cocina. Aquí se trata de atender con entusiasmo y dedicación una de las necesidades básicas del hombre: comer. Y los hombres, desde que aprendieron a cocinar, han sido mucho más felices. O eso parece. Porque hay un hecho mágico en torno a la comida y bebida: también se habla. Las bestias también comen, pero lo suelen hacer en silencio. Nosotros no, hablamos, incluso con la boca llena.

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La luna duerme sola

A veces, la verde y sangrienta luna nos devuelve a la melancolía criminal de las calles vacías por las que antes circularon gentes que un día incluso llegamos a amar, o nos devolvieron un gesto de agradecimiento al cederles el paso o desearles un verano feliz de mares abiertos y soles perpetuos.

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La luna se escribe despacio

Hace aún frío en esta mañana de junio en Madrid. Hay un temor de auxilio y distancia, una respetuosa prudencia discreta a pesar del ruido de sables que manejan los políticos, gente ominosa y prescindible. La sombra de la sospecha se alargará durante meses. Tal vez nunca desaparezca. Es como el sida pero con la cruel realidad de sin relaciones. ¡Qué devastación gratuita contra el amor libre y qué aniquilación contra el de pago! ¡Qué ingenua soberbia la de creer que somos inmortales mientras duran las caricias! Millones de besos perdidos. Millones de abrazos que ya no tendrán lugar.

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Ladrar en tiempos de silencio

Ahora que nos ha tocado una guerra imprevista en esta Europa del bienestar que desde hace 70 años no conoce guerras (porque todos habremos convenientemente olvidado Yugoslavia), ahora que el francotirador apostado en la terraza de enfrente es un gusano invisible e irreductible ante las fuerzas del orden, ahora que se necesita más valor ante lo desconocido por mucho que artistas visionarios nos lo hubiesen anunciado desde la ciencia ficción, ahora que necesitamos consignas de comportamiento social firmes e inquebrantables, ahora que todo eso y mucho más nos espera como a niños consentidos, salen los perros a ladrar a la luna buscando responsables de una irresponsabilidad que nos concierne a todos.

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Aute, in memoriam

La canción de autor española e hispanoamericana es una página irrenunciable de nuestra cultura a la que hasta ahora no le han prestado la debida atención ni los poderes públicos, ni las instituciones, ni, excepto honrosas excepciones, los investigadores privados.

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Dies Irae


Acaba de morir Penderecki. Parece que no de covid-19. Krzysztof Penderecki, Debica 1933, Cracovia 29.3.2020, premio Príncipe de Asturias 2001.

Con su música espectral y cautivadora se opuso al mundo, y el mundo, como hace con todos, se lo ha cobrado.

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Exilio interior


Este exilio de hoy, que me pilla escindido, en casa ajena aunque muy confortable, fuera de los territorios siempre propicios que marcan la biblioteca y el despacho, me lleva necesariamente a otro exilio interior que ya había vivido, y que por ese premura del futuro inmediato, había casi olvidado.

Corría el año de gracia de 1991. Argelia se preparaba para sus primeras elecciones “libres” a las que concurrían una panoplia de partidos que “a priori” ya se sabía que no tenían nada que hacer, pero que daban una apariencia de modernidad al país por la que venían abogando, desde los trágicos días de 1984, un buen puñado de mentes preclaras dentro del tablero político…

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Soberbia y caos

“…es tal el estado de cosas que en estos días hemos visto la mar por el cielo”

Conde-duque de Olivares

Rara vez me someto a la actualidad en estas Crónicas sin tiempo, pero en esta ocasión la realidad es tan surreal que no me puedo apartar de ella.

No sabía yo que el amigo murciélago estuviera detrás de todo esto.

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La insoportable tiranía de la belleza

Somos capaces de perder la razón por una cosa bella. Su tiranía es implacable. A thing of beauty is a joy for ever, que nos dejó dicho Jonh Keats. Da igual que se trate de un fragmento de ópera que de un perfil de la costa amalfitana: …a joy for ever.

Pero, ¿y si la belleza fuese el principio del mal? Por ejemplo, un volcán en erupción.

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Menorca, la frontera total

Creo que era el año 1967 cuando conocí Menorca. No porque hubiera viajado allí, sino porque viajé en los libros, que era una forma de moverse muy económica y fantasiosa.

Estudiábamos estas cosas en los libros del franquismo terminal. El Angulo y el Azcárate eran nuestras modestas guías sobre aquellas culturas milenarias y desaparecidas, como el reclamo de otro tiempo, un tiempo extremo por antiguo. En ese nosotros que ahora no sé identificar muy bien, había una pasión recóndita y no declarada por lo extremo: el pico más alto, la sima más profunda, el cabo más occidental por donde se ponía el sol, el más oriental por donde nacía…

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Serollebecq

Michel Houellebecq siempre escribe el mismo libro. El mismo implacable libro: sobre él mismo. Pocos autores tienen tan poca piedad sobre sí mismos. El hecho de que casi siempre escriba en primera persona dificulta la idea de poder separar al autor del héroe, o del simple narrador. En cierto modo, su indisimulada egolatría literaria no hace más que alimentar la leyenda de autor maldito, con lo que eso conlleva de pingüe beneficio económico. Autor de vida excéntrica y declaraciones explosivas, ha sabido construir esa imagen de literato rebelde con la que pasará a la Historia de la Literatura europea, occidental, mundial. Porque se puede ser rebelde sin disparar un solo tiro, sin asaltar un parlamento, sin declarar ninguna guerra. Si no, que se lo pregunten a Nietzsche, por ejemplo.

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Lo que queda del ayer


Presentación de la novela de
MANUEL JANEIRO,
Lunes, 28 de enero 2019 a las 19:30H
Casa de Galicia, C/Casado del Alisal, 8 MADRID

Lo único que queda del ayer es una desmesurada melancolía que se convierte en un acertado elixir contra la usura del tiempo y, por ende, en una incierta confianza en el futuro por muy escaso que ya nos parezca. La última obra mínima y magistral de Manuel Janeiro, “Los hijos de la revolución francesa”, es eso, un alegato contra la usura del tiempo que provoca en nuestros amigos más queridos una degradación insoportable que los hace cómplices y culpables de su propio fracaso. A tu amigo, asesino de los más horrendos crímenes de lesa humanidad, confeso y convicto, ¿lo ayudarías? Pues claro que sí, porque por encima de la familia, del honor, de la fidelidad, del amor, del compromiso con los valores más consagrados por la sociedad, la amistad se revela como ese vínculo inquebrantable que permite al ser humano serlo de verdad.

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Pero… ¿por qué matan los hombres?

widget los hombres matan

(Este artículo no va acompañado de imágenes en señal de duelo por las víctimas)
Hace poco leí un artículo sobre un informe de Naciones Unidas que me dejó estupefacto. En 2017 los hombres (violencia machista) mataron en el mundo a 87.000 mujeres. ¡87.000! Eso quiere decir que una mujer es asesinada en el mundo a un promedio de seis a la hora aproximadamente. Casi 50 correspondían a España.

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Limpieza o suciedad, ésta es la cuestión

Widget Limpieza

No podía imaginar yo, ni remotamente, que un simple artículo acerca de la limpieza o suciedad de  mi ciudad, casi podría decir sobre cualquier ciudad, diese lugar a una polémica tan agria, entre vecinos, residentes o transeúntes, como la que se ha visto en los comentarios que los interesados han dejado en mi anterior ¡Ay, Carmena, ay, Carmena!

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¡Ay, Carmena, ay, Carmena!

Widget Ay Crmena

Todos los días se habla de lo sucio que está Madrid. Los medios de comunicación recogen a cada paso las quejas de los ciudadanos desde todos los puntos de la ciudad y por los motivos más dispares. Pero los ciudadanos (incluyo turistas y migrantes) deben saber que, si quieren tener una ciudad limpia, lo primero que hay que aprender, y hacer, es a no ensuciarla. Muchas de las quejas sobre suciedad que se reciben tienen su origen en tu vecino que con su boyante negocio de ferretería, por ejemplo, al acabar la jornada deja en la acera los restos de paquetería y embalaje de la mercancía que ha recibido durante el día, en lugar de depositarlo todo en los contenedores dispuestos para recoger los residuos a escasos 50m. Pero, ¡hombre, dirá alguno incluso de forma airada, es que los contenedores están llenos! ¡Bien hecho!, diría yo. Eso quiere decir que la mayoría de los ciudadanos sí cumple con las normas mínimas de limpieza e higiene. Otra cosa es que quizá haya pocos contenedores o que los camiones de recogida tengan que incrementar su frecuencia de paso.

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La ciudad estéril

Widget La ciudad estéril

En el guerracivilismo que se instauró ya hace siglos entre turistas y ciudadanos, éstos tomaron muy pronto el camino de la derrota. No por voluntad propia o por gusto, claro, sino por esas leyes diabólicas y aparentemente inescrutables que trazan con mano de hierro el devenir de la historia, de la gran Historia con mayúscula, y el devenir de esos otros millares de millones de historias en que se encierra y resume la vida de cada uno de nosotros.

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Error y horror: la ortografía

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Aparece una noticia, varios días comentada en los periódicos, referente a un fallo funcional de una parte importante de la ciudadanía española: los profesores de Enseñanza Media o Secundaria, o como diablos se llame ahora, que también incluye a los profesores de Formación Profesional.
La Administración Pública española ha convocado la friolera de 20.000 plazas para convertir a interinos o aspirantes en funcionarios públicos adscritos a perpetuidad al Ministerio de Educación. La noticia, con ser importante, no es ésa. La noticia es que casi el 10% de las plazas, es decir cerca de 2.000 puestos de trabajo, en un país con casi dos millones de parados, han quedado sin cubrir. Y no ha sido posible porque los profesores, interinos y aspirantes, no saben escribir en español. Es la maldita ortografía. Y quizá algo más.

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Madrid, little Italy

Widget Madrid little Italy

Treinta y cinco años después, Madrid sigue siendo la ciudad alegre, confiada, canalla y sucia que siempre fue. La ciudad que nunca duerme y en la que nunca llueve, por la que circulan bajo ese cielo falsamente transparente cientos, miles de madrileños con los ojos insomnes apestados de dióxido y miasmas pero con la mirada risueña, imperial, como si un destino cruzado de fortuna, simplicidad e inconsciencia los hiciera permanentes y eternos, inasequibles al paso de las estaciones bien marcadas sobre este poblachón manchego con tropezones de modernidad y esquirlas de una violencia suburbana que nunca cesa aunque se la ignore.

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