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Compartimento C, coche 193 de Edward Hopper

El tren la mece con el movimiento imperceptible de los vagones sobre los raíles. El ruido que hacen las ruedas pasando de un rail a otro, marca el compás de la música que emana desde la locomotora al penetrar a gran velocidad el aire impasible del campo. De vez en cuando se oye el silbido estridente que suena antes de pasar por las estaciones desiertas. Un olor dulce e indefinido flota en el aire confinado del coche. 

Marnie está revisando sus apuntes, mañana dará una conferencia en la universidad de Harvard, la escuela de policía. El título es “El tren en la ficción de los años 30”. Conoce muy bien esta materia, ha escrito varios libros que analizan  novelas tan famosas como Anna Karenina, Sherlock Holmes o el ineludible Murder on the Orient Express. Tiene muchas dificultades para concentrarse, Después de algunos instantes de lectura, grandes bostezos señalan que un sueño profundo está al acecho. Intenta resistir mirando por la ventana tras la que desfilan constantemente paisajes que dejan sin aliento. Un cielo encendido rojo y amarillo pone en escena un río, un puente, unas colinas. Mira, admira, pero cuando reanuda su lectura, acaba por adormecerse. De repente, desde el pasillo, se oye un ruido seco. Alguien ha abierto y cerrado la puerta que separa los dos coches. Un personaje macizo se divisa en el fondo, avanza cojeando hacia Marnie.

¿Quién puede ser? Se interroga la joven mujer. Difícil adivinar cómo está vestido. Percibe un peligro, no sabe cuál, suda abundantemente, gritar no la ayudará, está sola. En un instante repasa todos los libros sobre trenes que ha leído, todos los personajes, todas las intrigas, los peligros desfilan en su mente. La masa oscura avanza, se acerca siempre más.

—Su billete, por favor, —solicita el revisor, un gigante negro con una sonrisa reluciente.

Marnie, totalmente perdida, busca el billete en su cartera, en su bolso de mano donde finalmente lo encuentra y se lo pasa al revisor que lo pincha y le da las gracias.

Después de despertarse completamente, Marnie reúne sus documentos, se reinstala cómodamente y retoma la lectura en el ambiente melancólico y un poco triste del coche verde.

 Jean Claude Fonder

Anteriormente publicado en la revista Academia Literaria nº29 09/2018