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”Pero el hombre grita doquiera la suerte de una patria.

Ya nadie me llevará al Sur.”

(Salvatore Quasimodo ‘Lamento por el Sur’)

Este año la biblioteca del Instituto Cervantes se dedica al tema del Viaje en la literatura, un topos universal que ha atravesado los siglos y los diferentes géneros literarios. Viaje, del provenzal “viatge” derivado del latín “viaticum” y a su vez de “via” (camino), como todos sabemos implica un desplazamiento. Hay muchos tipos de viajes: voluntarios o forzados, por espacios terrestres o extraterrestres, reales o imaginarios, viajes geográficos, oníricos, interiores. Hay viajes que marcan para siempre nuestra vida, que se vuelven metáfora de la misma existencia. Viajes, que por así decir, nos cambian el alma y con ella, ese proceso en transformación permanente que llamamos identidad.

Cuando me hablaron del tema literario del viaje pensé inmediatamente en un escritor que aprecio mucho: el argentino, de origen italiano, Antonio Dal Masetto (1938-2015), el “tano” como lo llamaban los amigos. Pensé en él porque toda la obra de Dal Masetto -escritor con el que me puse en contacto en aquellos tiempos en que, aquí en Milán, preparaba la tesis de licenciatura sobre el imaginario nacional en la novela argentina de fines de milenio y que luego tuve la suerte de encontrar personalmente en Buenos Aires- porque toda su obra, como decía antes, parece desarrollarse, en modo explícito o soslayado, entorno a un único viaje decisivo: el de la inmigración.

Dal Masetto nace en Intra, un pueblo del municipio de Verbania (Piamonte) sobre el lago Maggiore, cerca de Suiza. Sus padres, Narciso y María, cultivan la tierra y trabajan como obreros en las fábricas de la zona. El pequeño Antonio vive en medio de la naturaleza, es encargado de llevar a pastar las cabras y de cuidar las ovejas y sigue sus estudios primarios en un colegio religioso. Le gusta tanto dibujar que las monjas lo llaman “il piccolo Giotto.” La guerra arrasará con todo.


En 1951, a los 12 años, emigra a Argentina junto con su madre y su hermana menor para reunirse con el padre que un par de años antes había dejado Italia para instalarse en Salto, pueblo agrícola de la pampa a 200km al norte de Buenos Aires, donde su hermano había abierto una carnicería. Vale recordar que en la inmediata posguerra, el gobierno argentino había estipulado nuevos convenios inmigratorios para incorporar mano de obra europea calificada, sobre todo italiana y española.
Cuenta el escritor en numerosas entrevistas acerca del sufrimiento que le causó el traslado: “Me sentía un marciano…” Y al sentimiento de alienación se mezclaba la vergüenza por no saber el castellano, y por las burlas que provocaba su acento italiano entre los chicos del lugar. “Creo que he pasado casi cuarenta años –añadirá más tarde- luchando para no ser etiquetado como extranjero.”


Es en ese momento que “el tano” inicia por necesidad aquel proceso de transculturación que lo llevará a abandonar definitivamente el italiano y a elegir el castellano como instrumento literario.
En el pueblito de Salto el joven descubre la literatura, a las aventuras de Salgari se suman ahora las revistas locales, los panfletos, cada página que pasa por sus manos. Trabaja con el padre repartiendo pedidos en bicicleta. Y apenas puede, lee desordenadamente libros y libros que elige en la biblioteca pública. Se vuelve un autodidacta. En la literatura halla alivio y redención.

A los 18 años se escapa del mundo provinciano y desembarca en la metrópoli. Comparte con otros jóvenes una habitación en una pensión de Buenos Aires. Trabaja como cadete, albañil, vendedor ambulante, heladero. Recorre los bares del Bajo, zona donde antiguamente las barrancas de la ciudad caían al río, y las librerías de la calle Corrientes, centros de la bohemia y del mundo cultural. En los años sesenta empieza a escribir sus primeros relatos que, reunidos bajo el título “Lacre”, obtienen en 1964 una mención en el Premio Casa de las Américas en La Habana.
En esa época se traslada a Bariloche donde trabajará como pintor y donde nacerá su primer hijo. Luego de unos años se separa de su primera mujer y vuelve a la capital porteña para radicarse definitivamente. En 1969 publica su primera novela “Siete de Oro”. El mismo año contrae nuevas nupcias. Trabaja como empleado público y luego como periodista. En 1976 nace su segunda hija y a partir de los años ochenta se dedicará totalmente a la escritura.

En 1985 y 1992 dos de sus novelas son llevadas al cine, respectivamente: “Hay unos tipos abajo” y “Siempre es difícil volver a casa.” Historias de expulsión y destierro, la primera ambientada en el Buenos Aires del mundial de football bajo la última dictadura; la segunda en un tranquilo pueblo de provincia donde una banda de maleantes que planea un asalto terminará siendo la víctima del salvajismo colectivo. Seres en fuga, los personajes dalmasettianos están siempre huyendo, partiendo, desplazándose en busca de algo. Gente de mirada extrañada, desarraigada, extranjera de sí misma, que parece reiterarse la obsesiva pregunta: ¡¿pero qué estoy haciendo aquí?!

El tema autobiográfico de la emigración será encarado en modo decisivo sólo a partir de los años noventa con la trilogía ambientada en Italia: “Oscuramente fuerte es la vida” (1990), “La Tierra Incomparable” (Premio Planeta Biblioteca del Sur, 1994) y “Cita en el lago Maggiore” (2011). Obras en las que el autor inicia, a través de la voz de Agata, la anciana italiana alterego de su madre, una serie de reflexiones sobre el mundo de los orígenes y sobre el famoso “nóstos” de Ulises, esa nostalgia que llevará a la protagonista a volver a su tierra natal luego de 40 años de exilio. Con ese estilo conciso y esa dureza esencial y a la vez poética que caracteriza su escritura, Dal Masetto nos lleva, entre otras cosas, a cuestionarnos sobre la posibilidad real de todo regreso, sobre la problemática identitaria y la función de la memoria en su indefectible choque con la realidad.

Pero de todo esto hablaremos próximamente, en la segunda parte de este artículo.

Adriana Langtry


Audiovideoteca de Buenos Aires:

Obra en Construcción. Los escritores cuentan los secretos de su trabajo. Antonio Dal Masetto. Buenos Aires, febrero 2005  Primera parte.